30 de septiembre de 2008

¡ HIPÓCRITAS !



Por Marlene Singapur




Durante y después de la noticia del secuestro y asesinato del niño Luis Santiago Lozano, por parte de un grupo de personas lideradas por su propio padre, han aparecido los políticos dándose golpes de pecho y lamentando ‘tan execrable crimen’.

Buscan razones y, claro, no las encuentran. Todos lamentan ser colombianos, lamentan ser humanos...

‘Inaudito’, ‘imperdonable’, ‘la patria está de luto’, ‘estamos conmovidos’, ‘es una acción inhumana’, son las palabras que repiten ahora y cada vez que ha trascendido en los medios el asesinato o secuestro de cualquier niño indefenso, que, entre más niño e indefenso, mejor: es más noticia.

Palabras que nunca han pronunciado frente a ninguno de los cadáveres de nuestras innumerables fosas comunes, ni frente a las mal contadas 25.000 desapariciones forzadas que se han ejecutado en el país en las dos últimas décadas.

Quizá porque esos difuntos nunca han tenido la suerte de que las cámaras difundan sus muertes con misas públicas y canciones de León Gieco, razón por la cual los políticos se han sentido ‘impedidos’ para pronunciarse.

Y a esos padres y madres que ultrajan, violan o matan a sus propios hijos, casi siempre campesinos ignorantes y pobres, aprovechan ahora para acusarles de monstruos, mentes enfermas, inhumanos, reclamando para ellos cadena perpetua o pena de muerte; como si fuesen ciudadanos sin historia, maléficos por naturaleza.

Condenas que jamás reclamaron para los excesivamente lúcidos y saludables, pero probadamente culpables, Mancuso o Rito Alejo del Río, argumentando que mientras ellos ‘hacían patria’, estos son simples ‘casos aislados’ de gente perturbada y enfermiza.

Encendidas incriminaciones que tampoco han formulado a ninguno de los confesos carniceros, ejecutantes de miles de mutilaciones y torturas, aceptando para ellos penas de 8 años (sin las rebajas correspondientes) para sus crímenes, todo ‘por el bien de la patria’ y la ‘reconciliación’ entre los colombianos.

Ni podemos creerle a los políticos, que no pueden evitar frotarse las manos frente a la sangre y el dolor ciudadano, esperanzados en que la emotividad les permita un pantallazo; ni podemos aceptar que la muerte de Luis Santiago sea una situación aislada que comienza y acaba con el encarcelamiento de su padre, para quien ya se anticipa una condena de 35 años.

Y acudo, como soporte de mi reflexión, a los conceptos propuestos por Edgar Morin para establecer una lectura no lineal ni coyuntural de los sucesos históricos, con el propósito de superar el mediatismo y seguro próximo olvido de Luis Santiago; como si su muerte no tuviera nada que ver con el ambiente político que solapadamente alimenta comportamientos colectivos irracionales y crueles.

¿Qué relación hay, por ejemplo, entre la muerte de los muchos Luis Santiago, que nunca fueron noticia, y la rampante impunidad que reina en Colombia, avalada desde un gobierno que, so pretexto de tener el aliento ciudadano para profesar esa conducta, respalda a parapolíticos y paramilitares, legitimando así la descomposición social, el terror y la ausencia de Estado que dice combatir?.

“Esto es tan duro que lo deja a uno sin palabras”, a dicho muy compungido el Presidente. Y seguidamente, encarnando el clamor nacional, ha hecho un llamado para que “cada colombiano se comprometa en la defensa de los derechos de los niños”.

Con todo respeto, Presidente:

Tal vez usted lo ignora, pero resulta que a quienes han ejercido el derecho de reclamar los derechos no sólo de los niños, sino de los adultos, a la vida, a la tierra o al trabajo, delincuentes asociados con agentes del Estado inmediatamente les han amenazado o desaparecido sistemáticamente, a ellos y sus familias, tildándolos previamente – siguiendo rigurosamente su ejemplo de jefe de Estado – de terroristas.

¿Porqué tendríamos que creer esta vez en su invitación a la denuncia, si frente al asesinato de la líder campesina Yolanda Izquierdo – muerta por reclamar, como muchos otros líderes, en el marco de la Ley de Justicia y Paz sus legítimos derechos a la tierra –, ni usted ni ninguno de los funcionario de su gobierno protestó ni rechazó en público el atroz crimen, tan o más atroz que el de Luis Santiago?.

Frente a los antecedentes, ¿qué garantía ofrece usted como respaldo a sus palabras?...

“Tenemos que educar a la gente, tenemos que generar una cátedra de derechos humanos”, reclamaba, fuera de sí, una funcionaria del ICBF en el telenoticiero, como si no fuesen suficientemente educativas las palabras y actitudes de nuestro Presidente y su gobierno.

Entre otros ‘seminarios-talleres’ a los que hemos asistido en estos seis años, sopesemos las siguientes enseñanzas adquiridas:

“A Alfonso Cano díganle que le vamos a pegar una matada”…“le voy a dar en la cara, marica”…“vamos a exterminarlos”... y no sigo, sólo porque éste espacio y el bochorno no me alcanzan.

Cualquier niño o adulto que haya escuchado al Presidente exclamar estas amenazantes palabras, ha quedado absolutamente persuadido de que tiene el respaldo para prescindir de la justicia y ‘pegarle una matada’ o ‘darle en la cara’ a cualquier marica que le ofenda.

Y seguro que desde ese momento, insuflado de venganza y de poder, comprenderá súbitamente que este país está plagado de ofensivos maricas, todos merecedores de pasar a mejor vida.

¿Creen ustedes que Colombia necesita gobernantes ‘combatientes’ que se rasguen las vestiduras frente a la muerte de un niño, mientras justifican y estimulan la impunidad y la reproducción de nuestra interminable cadena de muerte?.

Con todo respeto, Presidente, yo no doy crédito a su pesadumbre. Y así hago uso de mi derecho a opinar y disentir.

Marlene Singapur
msingapur@yahoo.es

Tomado de:http://criteriocolombiano.blogspot.com/

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