2 de julio de 2013

Y el peluquero habló....



El peluquero
Un día, un florista fue al peluquero a cortarse el pelo. Luego del corte pidió la cuenta y el peluquero le contestó: - No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo servicio comunitario. El florista quedó agradecido y dejó el negocio. Cuando el peluquero fue a abrir el negocio, a la mañana siguiente, había una nota de agradecimiento y una docena de rosas en la puerta.
Luego entró un panadero para cortarse el pelo, y cuando fue a pagar, el peluquero respondió: - No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo
servicio comunitario. El panadero se puso contento y se fue. A la mañana
siguiente cuando el peluquero volvió, había una nota de agradecimiento y una
docena de donas esperándolo en la puerta.
Más tarde, un profesor fue a cortarse el pelo y en el momento de pagar, el
hombre otra vez respondió: - No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy
haciendo servicio comunitario. El profesor con mucha alegría se fue. A la
mañana siguiente, cuando el peluquero abrió, había una nota de
agradecimiento y una docena de diferentes libros, tales como ' Cómo mejorar
sus negocios' y 'Cómo volverse exitoso'.
Entonces un senador fue a cortarse el pelo y cuando fue a pagar el peluquero
nuevamente dijo: - No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo
servicio comunitario. El diputado contento se alejó.
Al día siguiente cuando el peluquero fue a abrir el local, había una docena
de senadores, 10 diputados, 15 concejales ,el alcalde con sus secretarios,
la esposa del alcalde y 6 hijos , haciendo cola para cortarse gratis.
Esto, querido amigo, muestra la diferencia fundamental que existe,
actualmente, entre los ciudadanos comunes y los miembros del "honesto" grupo
de ciudadanos que nos gobiernan. .
Por favor, en las próximas elecciones , vota con cuidado...y escoge con
conciencia
Atentamente,

EL PELUQUERO


¡Tú decides !
1- El ladrón vulgar te roba: El dinero, el reloj, la cadena, el carro,
el celular y cualquier bagatela más.
2- El político te roba: La salud, la vivienda, la educación, la
pensión, la recreación, el trabajo y hasta la conciencia.
1.-El primer ladrón te elige... ¡A TI!
2.- El segundo ladrón... ¡LO ELIGES TÚ!
¡Analiza y Piensa!

23 de junio de 2013

¿Será realmente un Papa que valga la pena?

Aunque no somos come curas, tampoco los alabamos porque sí. Pero el Papa Francisco empieza a despertar en nosotros un sentimiento de interés y respeto. Esperamos no equivocarnos.            


22 junio 2013

¿Volveremos al espíritu de los curas obreros?

Por León Valencia

El papa Francisco podría devolverle a la Iglesia ese espíritu que animó a parte del clero en los años sesenta y setenta.

¿Volveremos al espíritu de los curas obreros?.


Estaba con unos amigos del País Vasco, en Vitoria, el día siguiente de la entrevista entre el presidente Nicolás Maduro y el papa Francisco. Les llamó la atención la insistencia del papa en la paz de Colombia. Hablaban con entusiasmo de la preocupación del pontífice por América Latina y de su c
ompromiso con los pobres. No me parecía normal esta admiración 

en unos prestigiosos historiadores especialmente críticos de la Iglesia. En esa misma conversación habían hecho un largo recuento del ominoso papel del clero en las guerras de España. Habían hablado de las inconsistencias del credo moralista que ilumina el discurso de los papas. 

Pero muy pronto entendí cuál era el rasgo del papa que los seducía. Alfonso de Otazu –quien junto a José Ramón Díaz escribió El espíritu emprendedor de los vascos, un largo libro que empieza por aclarar el origen vasco de los antioqueños– habló de la empatía de su tío jesuita con los curas obreros y describió la situación de pobreza y de completa entrega a los pobres en que vivían estos sacerdotes. Dijo que quizás este papa podría devolverle a la Iglesia ese espíritu, ese apostolado, que animó la vida de una parte del clero en los años sesenta y setenta del siglo pasado.

Me llegó al alma esta conversación porque fueron sacerdotes de esta estirpe los que definieron mi vida en los años setenta. Fueron 11 los curas que llegaron a mi región, el suroeste de Antioquia, con el juramento de servir a los campesinos y a los indígenas en la reivindicación de sus derechos, en la conquista de la dignidad, muchas veces pisoteada por la grave injusticia social que reinaba en la zona. 

No era un compromiso inocente. Muy pronto supimos que su inspiración venía de la Teología de la Liberación y de las enseñanzas que había dejado la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Medellín en el año 1968. Allí la Iglesia del continente anunció su opción por los pobres, allí la vieja Iglesia católica supo que no escaparía a las grandes tormentas políticas que se avizoraban en una región que estaba buscando su destino en el mundo. 

Pero con el tiempo comprendí que ese rasgo político, ese enunciado de rebeldía, no era la característica principal de aquellos sacerdotes entrañables. La pasión que dominaba su corazón, era más pura, más profundamente humana. Querían servir a los pobres, querían parecerse a ellos, querían vivir y sufrir sus angustias. Me conmovieron. Me sacudieron. Trastornaron mi vida. No fui el único. No menos de mil jóvenes quisimos acompañarlos. 

Empezamos por utilizar los ratos libres del colegio para ir al campo a enseñarles a leer y a escribir a los campesinos y a los indígenas, para ayudarles a formar organizaciones sociales, para engrosar sus protestas contra los abusos de las autoridades y los latifundistas. Después, muchos tomamos la decisión de ir al campo a vivir con ellos de tiempo completo, tal como lo estaban haciendo los sacerdotes y las monjas y los laicos que llegaban de Medellín a proclamar este nuevo evangelio. 
Algunas de las actitudes del papa Francisco en estos meses de su pontificado me recuerdan a los curas de mi primera juventud ¡Ojalá que persista en esa vocación! Forjar una Iglesia humilde. 

Forjar una Iglesia misionera en el siglo XXI, cuando millones de personas en Asia, África y América Latina necesitan explicación de la exclusión, auxilio en las hambrunas, acompañamiento en la indignación. Esa decisión sublime de estar con los necesitados, con los que sufren, con los que son pisoteados en su dignidad. 

La Iglesia colombiana necesita más que nunca el espíritu de los curas obreros, la actitud de aquellos sacerdotes de mi juventud, el compromiso social que hoy asume una legión de sacerdotes en apartados lugares de la geografía nacional; para encabezar la tarea de reparar a las víctimas, para ayudar a reconstruir el país desde abajo, para contribuir decididamente a la reconciliación de los colombianos, para doblar la página de la violencia. Esa noble tarea. Esa generosa tarea. 

No la censura moralista, no la censura discriminatoria contra grupos humanos que claman ahora por la igualdad de derechos y por el reconocimiento social. La actitud de Francisco, que tenía en sus labios la pregunta por la paz de Colombia, cuando todo el mundo esperaba alguna participación en la controversia venezolana. 

Tomado de Semana.com 

21 de junio de 2013

¿Narciso yo? ¡Narcisa Natalia París!




Uribe: ¿narcisista, egocéntrico,
megalomano y resentido?



Para el médico y siquiatra Daniel Gutiérrez, director del Centro Integral de Atención en Salud Mental, el exmandatario de los colombianos Álvaro Uribe Vélez presenta una serie de actitudes y comportamientos que permiten catalogarlo como un ser narcisista, egocéntrico, megalómano y resentido.
Por haber opinado lo mismo, sin ser siquiatra ni nada por el estilo, en más de una ocasión estuvieron a punto de lincharme. Y es que, en verdad, las actitudes publicas de Álvaro Uribe han dado permanentes muestras de un estado mental alterado y afectado. Con el agravante de poseer una personalidad magnética que impide a sus seguidores un análisis serio y concienzudo de sus verdaderas intenciones. Por venir de quien viene, hagamos, a nuestra manera, un examen de cada una de sus apreciaciones.
Narcisista es, según definiciones siquiátricas, “un rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás.
En la "DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, cuarta edición) existe un subapartado dentro de los trastornos de personalidad denominado Trastorno narcisista de la personalidad, (NPD), entendiéndose tal como una disfunción grave de personalidad”. Dirán los lectores si Uribe es narcisista o no al sentirse el elegido o el mesías de Colombia, pues según sus apreciaciones, solo él puede sacar a Colombia del atolladero en que se encuentra. Sin Uribe nada, con Uribe todo. Ni Santos, ni Mockus, ni Petro, nadie solo él es el camino, la salvación y la vida.

Egocéntrico. Para este mesías el mundo gira en torno a él. Nada puede moverse sin su consentimiento, sin su apreciación sagrada que todo lo puede y todo lo debe. “En psicología, egocentrismo es la característica que define a una persona que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás. Parte de la hegemonía de sus pensamientos por sobre los otros, lo que él piensa, opina, decide, cree y razona es primero y más importante que el resto, el mundo gira alrededor de su individualidad y lo que no se ajusta a él es rechazado desvalorado por su opinión...”. Toda opinión es rechazada, toda idea censurada, toda disensión castigada; únicamente sus opiniones son validas en Colombia. Solo sus tesis económicas, militares y sociales son validas. Nada más importante que sus palabras y sus pensamientos.

Megalómano. La megalomanía “es un estado psicopatológico caracterizado por los delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia. A menudo el término se asocia a una obsesión compulsiva por tener el control. La palabra deriva de dos raíces griegas, manía (obsesión) y megas (grande). A veces es un síntoma de desórdenes psicológicos como el complejo de superioridad o la compulsión eufórica, donde el sujeto aquejado de esta perturbación tiende a ver situaciones que no existen, o a imaginarlas de una forma tal que sólo él termina creyendo”.
Para Uribe tener el control es una obsesión que impide que el actuar y el pensar de otros colombianos pueda ser tenido en cuenta.
La cristalización de su obra se derrumbó por una Corte que no entendió su vocación salvadora y justiciera. Con más tiempo, según él, habría acabado con todos los males que nos aquejan. Lo grave es que este síntoma se transpoló a sus seguidores, pues todos veían lo que su amo y patrón querían que vea, o, mejor, lo que el veía y que todos debían también ver.
Resentido: Que no perdona, que no olvida, que se interpone ciegamente entre quienes considera que traicionaron sus pensamientos y olvidaron su ideología. Un trastorno psicológico que impide reconocer los aciertos de los demás. Que lo diga Santos y muchos de sus exseguidores.
Síntomas, trastornos y patologías que afectan a quienes ven a Uribe como una figura mesiánica y redentora. Que nos diga el siquiatra Gutiérrez qué enfermedad es esa que hace que muchos colombianos viendo lo que ven, únicamente miran lo que quieren.
Tomado de Soyperiodista.com

9 de junio de 2013

Las desigualdades y el modelo económico

Por: Eduardo Sarmiento

En días pasados se divulgaron las cifras de la encuesta de hogares. En los últimos dos años la pobreza se redujo y la distribución del ingreso no varió significativamente.


La disminución de la pobreza proviene de los cambios metodológicos y de la elevación del ingreso per cápita. Este es un resultado mundial que resulta de la mayor interacción entre las economías y el sector social. En todas partes, la elevación del ingreso per cápita trae consigo una reducción de la pobreza, pero el ingreso de los pobres sube en menor proporción. Por su parte, los logros en la distribución del ingreso son precarios. El coeficiente de Gini luego de haber aumentado 10 puntos en la década del noventa se ha mantenido cerca de 0.55, colocando al país entre las siete naciones más inequitativas. Los resultados en cierta manera revelan los alcances limitados del asistencialismo. Si bien alivia la pobreza, no mejora la posición relativa de los pobres. 
Los esfuerzos oficiales han estado más orientados a mejorar las cifras que a lograr resultados estructurales. Las políticas dominantes tienden a ampliarla. Los salarios suben menos que la productividad, la carga tributaria del trabajo aumenta con respecto a la del capital y el crecimiento está sesgado en favor de la minería, el sector más intensivo en capital. Las tasas de interés del crédito se establecen muy por encima de la de los depósitos y se tolera todo tipo de posiciones dominantes en el sector público y privado. Para completar, el gasto público se encuentra altamente concentrado en el gobierno central que es mucho menos progresivo que el regional; en los últimos años las transferencias de salud y educación bajan en términos del PIB y la parte que llega al 50% más pobre no corresponde ni a ese porcentaje. 
Infortunadamente, las teorías de la distribución del ingreso están basadas en concepciones que han sido controvertidas por los hechos. Se considera que las iniquidades son independientes de la estructura económica y, en cualquier caso, se pueden corregir con simples transferencias fiscales. Así, Colombia se comprometió en las reformas del libre mercado sin advertir que le significaría un deterioro de diez puntos en el coeficiente Gini, y ahora pretende revertir el daño con el mismo modelo que lo causó. 
Los pensadores económicos están en mora de avanzar en una descripción comprensiva y representativa de la realidad. La distribución no es un juego de suerte en que ganan los que más contribuyen a la sociedad. Se trata, más bien, de una confrontación en la cual tienen clara ventaja quienes exhiben las mejores condiciones iniciales de capital y educación y disponen de las oportunidades para apropiarse de las rentas monopólicas de los mercados, incluso lesionando a las mayorías. Igualmente anómalos son los efectos del perfil del crecimiento económico y el comercio internacional sobre el mercado laboral. Ambos factores contribuyeron a colocar el salario por debajo de la productividad y a reducir la participación del trabajo en el PIB y, lo peor, incrementar la dispersión.
La mejoría de la distribución del ingreso requiere reformas en el sector educativo, el sistema fiscal y la regulación de los mercados. Pero lo que se haga en estas áreas puede ser infructuoso mientras se mantenga el modelo actual que resulta en una participación del 50% más pobre de 15%. La condición necesaria para reducir en forma considerable los índices de desigualdad es la construcción de un modelo que la eleve a 25% en un plazo corto, cambiando las prioridades sectoriales, interviniendo el mercado laboral y elevando los gravámenes al capital.

12 de mayo de 2013

Milagros turísticos




Por Antonio Caballero


OPINIÓNAntes que religiosa la celebración es patriotera. Lo que cuenta no es que la madre Laura sea santa, sino que es colombiana.

Milagros turísticos.
Foto: León Darío Peláez / Semana
Hoy domingo el papa Francisco oficia en Roma la solemne ceremonia de la canonización de la madre Laura Montoya, y en la prensa nacional se ha desatado un fervor patriótico fuera de toda proporción. La primera santa jericoana, la primera santa antioqueña, la primera santa colombiana: ¡qué orgull
o para nuestro país! Viaja a Roma a asistir a la ceremonia el presidente de la República, acompañado por una nutrida comitiva. 

Se publican folletos, se fabrican carrieles, se venden estampitas piadosas con la imagen de la nueva santa. Y me parece a mí que no es para tanto. No son para tanto, para empezar, los milagros de la madre Laura. 

Entre las ‘curiosidades’ que enumera uno de los folletos dedicados a ella encuentro, por ejemplo, que una vez “estuvo a punto de ser apuñalada y se salvó ingresando por un portal abierto”. Milagro hubiera sido si dicho portal hubiera estado cerrado. Y en cuanto a los dos que por lo visto requieren los procesos de beatificación y canonización de una persona por parte de la Iglesia de Roma, los cumplidos por la madre son más bien rutinarios en el campo de la medicina. El primero fue la curación de un cáncer uterino, aceptada por Juan Pablo II en 2004. 

Y el segundo, al que le dio su visto bueno Benedicto XVI en 2012, tampoco parece cosa del otro mundo, aunque suene más complicado: la sanación de “una enfermedad indiferenciada del tejido conectivo traducida en artritis reumatoidea que se convirtió en lupus y posteriormente en polimiositis refractaria”. El paciente había sido desahuciado por los médicos, pero por intercesión de la madre Laura se curó, informa la prensa, “sin ninguna razón científica, como lo avaló el Vaticano”. Nada hay menos científico que el Vaticano, por supuesto; pero en asuntos de santidad cristiana ese es el aval que sirve.

Sin embargo lo propio de los santos no es únicamente hacer milagros, aunque los haya habido muy notables en el curso de la larga historia del cristianismo. La obra de la madre Laura Montoya, recia buena moza antioqueña, fue más pegada a la tierra. Dedicó su vida a la evangelización de los indios salvajes. Como ya no quedaban en su Jericó natal, donde los antiguos quimbayas habían sido por completo exterminados o por lo menos catequizados, se fue a buscarlos a las selvas del Urabá antioqueño, todavía inexploradas en ese entonces (primeros años del siglo XX). Luego incursionó en los Santanderes. Y hoy la orden de monjas doctrineras que fundó se expande por veinte países, en América, Europa y África. Admirable, sin duda. 

Pero desde un punto de vista laico cabe preguntarse si esa obra de la madre Laura y sus ‘lauritas’ que consiste en convencer a los infieles de que abracen la fe cristiana es verdaderamente una buena obra. O si no se trata más bien de una intrusión indebida y tal vez condenable –y sin duda condenada por cualquier antropólogo– en culturas ajenas que tienen derecho a ser respetadas. 

Se supone que Colombia es un país laico: y es precisamente en torno a ese principio que se ha dado la discusión sobre si las convicciones religiosas del procurador general deben o no interferir en sus pronunciamientos jurídicos. No parece coherente entonces que el presidente (acompañado entre otros por ese mismo procurador) viaje oficialmente a tomar parte en una celebración estrictamente religiosa. 

Pero es que, como dije al principio de esta nota, antes que religiosa la celebración es patriotera. Lo que cuenta no es que la madre Laura sea o no santa, sino que es colombiana. Y por eso, como subproducto de esa visión patriotera, más que las virtudes cristianas de la madre, importan los efectos prácticos que pueda tener su canonización sobre la industria del turismo local de Jericó: en la afluencia de peregrinos y la venta de estampas y llaveros y camándulas y estatuillas de pasta y carrieles de piel con la efigie robusta de la nueva santa. 

Y no creo que haya que hacerse demasiadas ilusiones al respecto: la casa natal de la madre no va a tener para el suroeste antioqueño el mismo poder de imán que tiene la gruta de Lourdes para el suroeste francés, para poner un ejemplo. Recuerdo las grandes esperanzas de esta misma índole turística que se despertaron hace unos años cuando se inauguró la estatua del Pibe Valderrama en su Santa Marta natal: en contra de lo previsto, la ocupación hotelera no creció.

Tomado de: Semana.com

15 de abril de 2013

Venezuela, entre la esquizofrenia y la oligofrenia….


Por   Acidonitrix





Finalizaron las elecciones en Venezuela. Pero aún tendremos unos días más de espectáculo, en el cual veremos, inevitablemente, un candidato esquizofrénico, con mirada perdida, furibunda, que se sentía presidente, y otro, de apariencia oligofrénica, de rostro abotagado, mirada abúlica, desorientada, que, por lo pronto, es el presidente electo.

Pero, indudablemente, los dos candidatos no son sino la expresión de lo mismo: cualquiera que ganara significaba lo peor que le podía suceder a la hermana república bolivariana. El orate hubiera llegado a desregularizar la economía, a privatizar los recursos petroleros y a eliminar los alcances sociales del chavismo, con una muy posible situación de violencia urbana y rural, para recuperación de predios, que nos llevarían a revivir los más terribles momentos del paramilitarismo en Colombia. El bobo, en cambio, seguirá con lo mismo, pero sin energía, paralizado por los ataques venáticos de la oposición y la codicia sin límites de los corruptos e ineptos que se colaron al chavismo.

Pobre Venezuela.

7 de abril de 2013

Siquiera se va la hermana Aliria….







Por Koestler



Ya no tendremos que soportar más la voz cansina y reiterativa de la hermana Aliria Pedraza exigiendo a estudiantes, profesores y padres de familia un mejor rendimiento académico, mayor calidad pedagógica y más compromiso con los hijos…
Aliria Pedraza, rectora Colmercedes

Siquiera se va la hermana Aliria: nuestra conciencia estará tranquila. ¿Para qué afanarse por calidad educativa, si dan más éxitos ser traficante, contratista, emisario de políticos, ladrón, atracador?

Cuando ella se vaya… sí, cuando se pensione y se retire, quedarán los profesores que necesitamos, los que aprueban a los estudiantes en matemáticas luego de duras búsquedas de dinero para pagar su nota; los que se hacen de la vista gorda con los problemas. Los que no les exigen esfuerzos…

¡Que viva la ignorancia! ¡Que viva la mediocridad!

Lebrija no necesita educación. Lo que necesitamos es ignorancia. 

Siquiera se va la hermana Aliria. No cabe en nuestro ambiente pestilente…

Queremos que se vaya, ¡que se vaya aunque le vaya bien!

No tendrá que ver cómo nos hundiremos gozosos en un pozo de mediocridad, de felonías, de inmoralidad.