31 de agosto de 2010

¿Qué cigarrillo piensa fumar, señor concejal?








Por Acidonitrix

Es la pregunta que algunos de nuestros acuciosos concejales de Lebrija deberían estar haciéndose como consecuencia de aprobar los proyectos de acuerdos 020 y 021, mediante los cuales pignoran los recursos del muncipio del Sistema General de Participacinoes durante 20 años, en los rubros de Alcantarillado público y Saneamiento básico, así como los de los recursos de alumbrado público.

Y no serán los cigarrillos de celebraciones de una fugaz francachela, sino los de las interminables noches en los fríos calabozos donde terminarán su triste paso por el concejo municipal. Es conocido el monto de los dineros que se ofrecieron para los concejales que aprueben las 'iniciativas' de la alcaldesa municipal, por cuenta de los 'contratistas'.

No valen argumentos de supuestas honradeces. Por ejemplo, ¿cómo van a sostener que sus decisiones son honestas, que no reciben coimas para cambiar de parecer y apoyar con su voto dichos proyectos, concejales que han sido últimamente enemigos acérrimos de la alcaldesa como Alonso Valenzuela, Jorge Jaimes, Javier Stella? Ya sabemos que personajes de personalidad viscosa como Samuel Álvarez reptan vergonzosamente, lo que no obsta para que reciban mendrugos.

La honradez de Juan Rivera ya es conocida: dio muestras de ello cuando fue gerente de Arkas en Lebrija donde tuvo la desvergüenza de promocionar a personas para que abrieran cuentas y guardaran sus ahorros mientras a amigos y familiares los alertaba de retirar sus dineros porque la empresa iba a quebrar.

Es de público conocimiento el caudal de dineros que se ofrecen tanto para la jefa de la administración, algunos amigos y los concejales que se avengan a aprobar dichos proyectos de acuerdos. En eso no queda duda, como tampoco de que ya, tanto en algunas instancias de fiscalía, contraloría y procuraduría se dio inicio de oficio a la recolección de información para las preliminares investigativas.

De tal manera, nuestros concejales deben tener presente que dichos dineros de poco les servirán para agenciarse un buen abogado, y que, mientras tanto, sus bienes privados estarán sometidos a los vaivenes de una administración incierta, como será incierta la suerte de sus familias. ¿Vale la pena?

Igual, nuestra admirada y siempre ponderada alcaldesa, podrá, desde la cárcel, como una moderna Lady Godiva, ¡qué va!, una ultra moderna Yidis Medina, deslumbrarnos con sus mórbidas desnudeces en unas poses para la revista SOHO.

¿Alguien apuesta a que no será así?

30 de agosto de 2010

Conflicto, drogas y paz



POR DIEGO OTERO PRADA

Tomado de Cronicón Virtual


¿Qué habría hecho un país normal con cien mil millones de dólares? Tal vez solucionar su futuro para siempre. Pues bien: ese fue el gasto militar de los ocho años de Uribe.

LOS MÁS MÁS DE LOS MÁS

El conflicto interno colombiano, clasificado como "de baja intensidad" porque determina la muerte de más de mil personas por año, es responsable de una militarización impresionante del país, un gasto militar que se encuentra entre los diez más altos del mundo y un ejército propio de un imperio, ubicado entre los 17 más grandes del planeta.

En una situación como la de Colombia, con un conflicto que cumplió 46 años, el gasto militar comprende el que se clasifica como tal en el presupuesto de la nación, con un doble destino: el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional. Pero, además, en él están parte de los "gastos en seguridad" del Ministerio del Interior y de la Justicia, y de agencias del gobierno como el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC, el DAS, la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo.

Y ESO NO ES TODO

Aparte de esos rubros hay otros que no se incluyen en este cálculo, provenientes de Municipios, Departamentos y entidades descentralizadas tales como ECOPETROL, Interconexión Eléctrica S.A., ISA, y empresas de telecomunicaciones o electrificadoras, que dedican recursos para defenderse de atentados a sus instalaciones o a su personal. Tampoco se incluyen los auxilios de gobiernos extranjeros que envían fondos para combatir a las guerrillas, los más importantes de los cuales son los de Estados Unidos a través del Plan Colombia, ni los presupuestos de las empresas industriales y comerciales del Ministerio de Defensa, como la Industria Militar, INDUMIL, ni el pago de pensiones, ni las demandas que cursan contra el Estado. Por lo tanto, las cifras que se dan se quedan cortas frente a lo que efectivamente se gasta para enfrentar el conflicto.

Sin tener en cuenta estos ítems, se encuentra que en el período 2002?2010 el gasto militar se acercó a cifras que oscilaron entre el 5,0 y el 6,0 por ciento del PIB.

CUADRO 1. GASTOS EN DEFENSA Y SEGURIDAD
Miles de millones de pesos

Fuente: Cálculos con base en información del Ministerio de Hacienda y Crédito Público.

EL CLUB DE LOS "MILLONARIOS"

En este cuadro se discrimina el gasto militar para enfrentar el conflicto interno colombiano en esos períodos, especificando los del Ministerio de Defensa y la Policía Nacional, y el 30 por ciento del correspondiente a entidades de los subsectores de justicia y seguridad, cifra que el investigador Luis Jorge Garay encontró que es la que se dedica a los aspectos que tienen que ver con la conflagración interna.

En total, los gastos pasaron de 11.003 miles de millones de pesos corrientes en 2002 a 23.065 miles de millones en 2010, con un incremento anual de 9,69 por ciento, en comparación con el aumento anual de la inflación, que fue de 4,93 por ciento. O sea, que el gasto militar tuvo un crecimiento real anual de 4,76 por ciento, para un aumento real en el período de 45,07 por ciento.

En proporción al PIB, el gasto militar en 2002 fue el equivalente del 5,38 por ciento, en 2004 subió al 6,02 por ciento, y en 2008 y 2010 bajó a 5,47 y 4,97 por ciento respectivamente. Pero, de cualquier manera, esas son las cifras más altas en América y Europa. En 2008, Colombia ocupó el décimo lugar en este gasto y sólo fue superada por Arabia Saudita, Israel, Omán, Chad, Jordania, Georgia, Eritrea, Irak y Emiratos Árabes Unidos.

EL TRISTE CAMPEONATO

En Latinoamérica, la mayoría de los países tenían en 2008 un gasto militar por debajo del 1,0 por ciento de su respectivo PIB (Argentina, Paraguay, México, Nicaragua, El Salvador, Guyana, Jamaica, Honduras, Panamá), otro grupo se encontraban entre 1,0 por ciento y 1,5 por ciento (Brasil, Venezuela, Perú, Uruguay y Bolivia), Chile se salía de la tendencia con 3,5 por ciento y Colombia era el caso excepcional con 5,47 por ciento.

En valores absolutos, con 12.468 millones de dólares, el gasto militar colombiano ocupa en 2010 el puesto 20 en mundo, muy por encima de todos los países de Latinoamérica y el Caribe, con excepción del Brasil.

Por tamaño de las Fuerzas Armadas, en 2006 Colombia ocupaba el puesto 17, con 285 mil hombres. En Latinoamérica sólo la superó el Brasil.

MEDIO VIVOS, MEDIO MUERTOS

Los gastos militares del gobierno central y sus entidades descentralizadas representaron el 15,33 por ciento del presupuesto de la nación en 2002, cifra que bajó a 15,11 por ciento en 2010. Los de funcionamiento equivalieron a 26,33 por ciento y 23,13 por ciento en los mismos años y los de inversión a 9,12 por ciento y 8,62 por ciento.

Si se suman los gastos militares y los del servicio de la deuda externa e interna, se tiene que estos dos rubros representaron el 53,43 por ciento del presupuesto de la nación en 2002 y el 41,6 por ciento en 2010.

Desde un punto de vista macroeconómico lo anterior significa que en los ocho años del gobierno Uribe un 50 por ciento de los egresos de la nación estuvieron orientados al gasto improductivo, que impide dedicar las sumas que se necesiten en actividades con las que se aumente la riqueza futura.

Sería necesario matizar la afirmación anterior en caso de que el endeudamiento se hubiera utilizado para inversión. Pero no. Buena parte de esas sumas permitieron que dineros provenientes de impuestos pudieran orientarse para financiar la guerra y sostener el déficit fiscal.

CONFLICTO Y DESPILFARRO

De agosto 2002 a agosto 2010, es decir, en los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, Colombia destinó al gasto militar aproximadamente 100 mil millones de dólares, cifra impresionante que da una idea del despilfarro de recursos que implica el conflicto interno, sin incluir otros costos como los daños a la infraestructura, los secuestros, los delitos conexos, las muertes y los costos en la seguridad del sector privado.

De ahí que la mejor política para aumentar el crecimiento, el bienestar y la democracia sea la de acabar con el conflicto lo más rápidamente posible. La opción del diálogo es la más cuerda.

GOBERNAR DESPUÉS DE MORIR

Pero eso no es todo. El presupuesto presentado por el gobierno Uribe para 2011 sigue las mismas orientaciones de su período presidencial, con la circunstancia de que mientras suben las partidas militares, se disminuyen las dedicadas a agricultura, vivienda, educación y ciencia y tecnología.

En esta forma, los gastos para la guerra, incluyendo el Plan Colombia y otros, aumentan a 24.698 miles de millones de pesos, un incremento de 7,07 por ciento con relación a 2010, que representan un 5,09 por ciento del PIB, si se supone que este último tenga un crecimiento del 4,5 por ciento en 2011.

Como participación del presupuesto de la nación, el gasto militar asciende a 15,91 por ciento, el porcentaje más alto desde 2002. Es decir, que el gobierno Uribe deja un presupuesto nacional más militarizado y con menos recursos para el gasto social y para los sectores productivos.

Ese fue, quién lo creyera, su regalo de despedida.

Agosto de 2010.

www.cronicon.net


23 de agosto de 2010

¿Diálogo de "sordos"?





Por Koestler


En ocasiones parecemos estar de acuerdo en muchas o algunas cosas. Más grave, creemos que lo estamos y eludimos el conocer a fondo los aspectos tratados. En ello somos expertos los colombianos.

Debatimos con gran ignorancia de los aspectos que se deben tratar. Es el gran costo de la democracia, en la cual los imbéciles deciden o pueden decidir sobre lo que no saben. Apoyamos causas que desconocemos. Nos alegramos con victorias que significan una real derrota para nosotros. Besamos la mano que nos golpea.

Expertos en telenovelas y en mentiras televisadas, no gastamos una neurona para tratar de saber la verdad de las cosas. Sandios y petulantes, perdularios y vulgares 'decidimos' sobre nuestro destino y el de los hijos con absoluta irresponsabilidad. Por eso estamos como estamos.

El relato del padre de Mello es una ironía real sobre el gran debate democrático, en el cual se ignoran los cosas y se parece llegar a un acuerdo.

El gran debate
Por Anthony de Mello

Hace muchos años, allá por la Edad Media, los consejeros del Papa recomendaron a éste que desterrara a los judíos de Roma. Según ellos, resultaba indecoroso que aquellas personas vivieran tan ricamente en el corazón mismo del mundo católico. Así pues, se redactó y fue promulgado un edicto de expulsión, para general consternación de los judíos, que sabían que, dondequiera que fuesen, no podían esperar un trato mejor que el que les obligaba a salir de Roma. De manera que suplicaron al Papa que reconsiderara su decisión.

El Papa, que era un hombre ecuánime, les hizo una propuesta un tanto arriesgada: debían elegir a alguien para que discutiera el asunto con él mismo en público y, si salía victorioso del debate, los judíos podrían quedarse.
Los judíos se reunieron a considerar la propuesta. Rechazarla significaba la expulsión. Aceptarla significaba exponerse a una derrota segura, porque ¿quién iba a vencer en un debate en el que el Papa era juez y parte a la vez? Sin embargo, no había más remedio que aceptar. Ahora bien, resultaba imposible encontrar a un voluntario dispuesto a debatir con el Papa: la responsabilidad de cargar sobre sus hombros con el destino de los judíos era más de lo que cualquier hombre podía soportar.

Pero, cuando el portero de la sinagoga se dio cuenta de lo que ocurría, se presentó ante el Gran Rabino y se ofreció como voluntario para representar a su pueblo en el debate. “¿El portero?”, exclamaron los demás rabinos cuando lo supieron. “¡Imposible!”.

“Está bien”, dijo el Gran Rabino, “ninguno de nosotros está dispuesto a hacerlo; de manera que, o lo hace el portero o no hay debate”. Y así, a falta de otra persona, se designó al portero para que celebrara el debate con el Papa.
Llegado el gran día, el Papa se sentó en un trono en la plaza de San Pedro, rodeado de sus cardenales y en presencia de una multitud de obispos, sacerdotes y fieles. Al poco tiempo llegó la pequeña comitiva de delegados judíos, con sus negros ropajes y sus largas barbas, rodeando al portero de la sinagoga.

Quedaron el uno frente al otro, y el debate comenzó. El Papa alzó solemnemente un dedo hacia el cielo y trazó un amplio arco en el aire. Inmediatamente, el portero señaló con énfasis hacia el suelo. El Papa pareció quedar desconcertado. Entonces volvió a alzar su dedo con mayor solemnidad aún y lo mantuvo firmemente ante el rostro del portero. Este, a su vez, alzó inmediatamente tres dedos y los mantuvo con la misma firmeza frente al Papa, el cual pareció asombrarse de aquel gesto. Entonces el Papa deslizó una de sus manos entre sus ropajes y extrajo una manzana. El portero, por su parte, sin pensarlo dos veces, introdujo su mano en una bolsa de papel que llevaba consigo y sacó de ella una delgada torta de pan. Entonces el Papa exclamó con voz potente: “¡El representante judío ha ganado el debate! Queda revocado, pues, el edicto”.

Los dirigentes judíos rodearon inmediatamente al portero y se lo llevaron, mientras los cardenales se apiñaban atónitos en torno al Papa. “¿Qué ha sucedido, Santidad?”, le preguntaron. “Nos ha sido imposible seguir el rapidísimo toma y daca del debate...” El Papa se enjugó el sudor de su frente y dijo: “Ese hombre es un brillante teólogo y un maestro del debate.

Yo comencé señalando con un gesto de mi mano la bóveda celeste, como dando a entender que el universo entero pertenece a Dios; y él señaló hacia abajo con su dedo, recordándome que hay un lugar llamado "infierno" donde el demonio es el único soberano. Entonces alcé yo un dedo para indicar que Dios es uno. ¡Imagínense mi sorpresa cuando le vi alzar a él tres dedos indicando que ese Dios uno se manifiesta por igual en tres personas, suscribiendo con ello nuestra propia doctrina sobre la Trinidad! Sabiendo que no podría vencer a ese genio de la teología, intenté, por último, desviar el debate hacia otro terreno, y para ello saqué una manzana, dando a entender que, según los más modernos descubrimientos, la tierra es redonda. Pero, al instante, él sacó una torta de pan ázimo para recordarme que, de acuerdo con la Biblia, la tierra es plana. De manera que no he tenido más remedio que reconocer su victoria...”.

Para entonces, los judíos habían llegado ya a su sinagoga. “¿Qué es lo que ha ocurrido?”, le preguntaron perplejos al portero, el cual daba muestras de estar indignado. “¡Todo ha sido un montón de tonterías!”, respondió. “Veréis: primero, el Papa hizo un gesto con su mano como para indicar que todos los judíos teníamos que salir de Roma. De modo que yo señalé con el dedo hacia abajo para darle a entender con toda claridad que no pensábamos movernos. Entonces él me apunta amenazadoramente con un dedo como diciéndome: "¡No te me pongas chulo!" Y yo le señalo a él con tres dedos para decirle que él era tres veces mas chulo que nosotros, por haber ordenado arbitrariamente que saliéramos de Roma. Entonces veo que él saca su almuerzo, y yo saco el mío”.

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21 de agosto de 2010

De las personas a las políticas




Por Jorge Enrique Robledo,

Senador, agosto 20 de 2010

Se da por descontado que a presidentes y ministros no llegan minusválidos mentales, aunque a ratos pareciera que sí. Incluso, para esos cargos suelen escoger personas con conocimientos superiores al promedio. De ahí que sea medio tonto mirar las capacidades personales de estos personajes para tratar de adivinar “si van a gobernar bien o mal”, en el sentido de si resolverán o empezarán a resolver los principales problemas de la nación, que es de lo que se supone se trata.

El aspecto decisivo para el buen gobierno no son las calidades técnicas de las personas que gobiernan, sino las políticas que estas respaldan y desarrollan, siempre en el entendido de que los idiotas y los demasiado ignorantes no llegan a la cúpula gubernamental. ¿Inteligentes e ilustrados dentro de qué concepciones, con que ‘línea’, para qué fines? Porque por títulos y experiencia que tenga un individuo, si las orientaciones que le determinan sus decisiones conducen al desastre, el desastre llegará.

Una imagen puede ilustrar el asunto: los trenes no llegan a donde quieren los maquinistas, sino a donde conducen las carrileras. Con las economías de los países pasa como con los trenes diseñados para no poder detenerse, que solo pueden llegar a donde se dirigen los rieles, sin importar la pericia de los maquinistas, luego están condenados a caer al abismo si a un abismo se dirigen las carrileras. La gran diferencia entre el capitalismo de Colombia con los de Francia, Italia o Alemania, por ejemplo, tiene como explicación primordial que sus carrileras son distintas, porque mientras allá se concibieron proyectos de desarrollo nacional, aquí no.

Así, lo primordial que hay que analizarles a los gobernantes no son sus cualidades como maquinistas, sino la carrilera por la que decidieron transitar y si esta lleva a buen puerto –al progreso del país– o lleva al abismo –al desastre nacional del que se eximen muy pocos. Este es el debate que se elude cuando el análisis no se centra en la dirección de los rieles, lo que para estos efectos significa el modelo económico y social impuesto en Colombia desde 1990 –la carrilera neoliberal y del libre comercio–, régimen económico que, según muestran veinte años de experiencia, enriquece a las trasnacionales y a cada vez menos nativos y condena al atraso y a la pobreza a la nación, de manera que la opulencia de poquísimos parece norteamericana o europea, pero la pobreza es de tipo africano o haitiano.

Entonces, quien conozca la trayectoria de Juan Manuel Santos, sus propuestas de gobierno y el equipo que nombró no necesita caer en la ingenuidad –que con malicia aúpan ciertos santistas– de tener que esperar para ver qué pasará durante su administración. Porque, como ministro de Gaviria, Pastrana y Uribe, Santos demostró ser dogmáticamente apegado al ideario neoliberal o del libre comercio o del Consenso de Washington o del FMI, políticas que explican por qué el desempleo y el rebusque sumados superan el 70 por ciento y una de la peores desigualdades sociales del mundo. Porque se comprometió a seguir con la confianza inversionista, el nombre uribista para las concepciones plutocráticas mencionadas. Y porque su gabinete ministerial parece la selección Colombia del neoliberalismo, de manera que ni siquiera queda la esperanza de que, por equivocación, acierte.

El nuevo gobierno presentará como “soluciones” medidas sobre empleo y salarios, agro e industria, salud y educación, grandes y pequeñas y medianas empresas, finanzas y comercio exterior, impuestos e inversiones, en fin, sobre todo, pero siempre y en todos los casos con criterios neoliberales, lo que significa que los problemas estructurales, lejos de resolverse, se agravarán, al mantenerse las causas que los provocan.

Para confirmar que este gobierno puede ser peor que el anterior, ahí viene la ley de la regla o la responsabilidad fiscal, que congelará en el estado de inexistencia o mediocridad actual los derechos sociales de los colombianos. Con esa norma, la Corte Constitucional no hubiera podido igualar los POS del sistema de salud.

Taimada, entonces, la falsa inocencia de ciertos santistas que preguntan: “Si no se sabe qué pasará, ¿por qué los del Polo no le dan un compás de espera a Juan Manuel?”.

Coletilla: los nombramientos en la Comisión de Acusaciones, la Contraloría y la jefatura del DAS también muestran que Santos I es Uribe III.

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19 de agosto de 2010

Tres contra trescientos





Por Koestler

El municipio de Lebrija se enfrenta a una seria amenaza. Una de las más graves a lo largo de su existencia. Y no viene de afuera del municipio sino de adentro. Precisamente de quien debería estar velando por sus intereses. Nace del Palacio de la alcaldía, con unos 'proyectos de contratos' o de negociados o negocionones, como mejor les parezca, promovidos por nuestra inefable alcaldesa, Sonia Serrano Prada.

Se trata de los proyectos sobre alumbrado público y pignoración de los recursos de transferencias dedicados al manejo de agua y saneamiento básico. Dichos planes comprometen recursos propios y de transferencias de la nación hasta por 20 años, e implican una jugosa, muy jugosa cifra para ejecutar entre dos grupos de 'amigos' de la alcaldesa. Y es tal el negocio, que se han ofrecido unos buenos pesos para quienes, desde la oposición, se pasen al lado de la administración y apoyen dichos proyectos.

Habrá tal conciencia de la iniquidad de dichos planes, que la alcaldesa se lava las manos diciendo que no es ella quien ofrece dinero alguno, sino 'los contratistas'. ¿Acaso están tan amarradas las cosas que los 'contratistas' ofrecen dinero con la seguridad absoluta de que se van a ganar el negocio?

Y, ¿por qué el título de esta nota? Pueden estar seguros de que no se trata de un episodio heroico como el de los guerreros espartanos en los que trescientos hombres (como el nombre de la película) defendieron un paso en las montañas hasta perder la vida para impedir el acceso de las hordas persas comandadas por Jerjes. En ese entonces, en el paso de las Termópilas, bajo la dirección del rey Leónidas se enfrentaron 300 heroicos guerreros (esos sí héroes, no como los de pacotilla que nos ofrece la TV) contra decenas de miles de enemigos invasores.

Esta vez se trata de tres, sí, sólo tres --pero no de tres guerreros sino concejales de Lebrija-- contra TRESCIENTOS MILLONES DE PESOS, que les ofrecen por su voto para obtener la aprobación de los negociados en mención. Son, para información de la opinión, los señores Jorge Jaimes (Cucarrón), Mario Álvarez y Javier Stella, a quienes ya les hicieron propuesta del dinero. Obvio es que igual oferta le han hecho a otros concejales 'opositores'.

Sólo falta saber cuánto le han ofrecido a los perros falderos de doña Sonia para que acoliten dichos proyectos. Pero de lo que no queda duda es de que algunos de los lectores asiduos de este blog, que forman parte del grupo de las ías: policías, fiscalía, contraloría y procuraduría, deberían iniciar ya una investigación de oficio sobre este delito que está en ejecución.


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La Gran Ramera




Por Koestler


La Organización de las Naciones Unidas ha devenido en la gran ramera del mundo, siempre puesta al servicio del mejor postor. Esquiva con unos -los débiles-, es pronta con otros: los poderosos.

Ante el gran crimen de lesa humanidad propiciado por la alianza EE. UU. e Inglaterra y España, terminó bendiciendo la invasión a Irak. Y no hubo sanciones contra los criminales: ni personal respecto a los jefes de Estado o contra los países que la ejecutaron.

Pero otra cosa es el valor de la ONU cuando se trata de países pequeños o débiles. Es de ver la presteza con la que toma resoluciones y acata los deseos de los imperios. Ejemplos sobran: Irán, Corea del Norte, países árabes, en tanto que no ve los crímenes de algunos, como los de Israel.

Y, en el colmo del cinismo, conforma una “comisión internacional” para analizar el acto de piratería y genocidio cometido por las tropas sionistas contra la flotilla turca que llevaba apoyo a los palestinos sitiados por el estado Israelí. Y, como burla y ludibrio contra los agredidos, el secretario general pone al frente de dicho “equipo” a Alvaro Uribe Vélez, quien fue el único jefe de estado latinoamericano que apoyó la invasión yanqui a Irak.

Esa designación garantiza que no habrá imparcialidad en dicho equipo de trabajo. Ban Ki-Moon será, a no dudarlo, sinónimo de lacayismo y servilismo.

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16 de agosto de 2010

¿Almas de perro?




Por Koestler


Los colombianos nos jactamos de ser 'perros' y, con admiración nos referimos a alguien como un perro, para llamar a su picardía, audacia o viveza. No menos cierto es que se emplea el término en forma peyorativa para tratar a la persona que se pasa de vivo en las lides del amor.

Y hemos terminado interiorizando esta apreciación y, al parecer, las demás de la condición de perro, especialmente el servilismo. Y de tal manera, como perros, besamos la mano del amo que nos da palo y nos humilla.

No es que los colombianos seamos agradecidos, pues esa condición no se expresa para con quienes desinteresadamente trabajan por el bien colectivo. Somos serviles y rendimos pleitesía a quien nos muestra el foete, y alegres movemos el rabo y agradecemos a quienes más nos han golpeado. ¡Manes de nuestra tierra!

Porque “Cuando el sol de la cultura política se encuentra muy bajo, hasta los enanos proyectan una larga sombra”, Karl Kraus (1874-1936).

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13 de agosto de 2010

Santos: el maquillador...




Por Koestler


En Colombia todos, o casi todos, andan de plácemes con las designaciones del equipo de gobierno de Santos. Hasta los antisantistas son ahora sus acólitos conversos y entusiastas.

Pero, en verdad, en el fondo nada ha cambiado. Sus propuestas y equipo de trabajo son profundamente neoliberales: seguridad inversionista, exenciones tributarias para los ricos, ampliación de la base tributaria, eliminación de la seguridad social a los trabajadores, continuidad del negocio de la salud, “seguridad democrática”, etcétera.

Más pronto que tarde se verá que los cambios apenas sirven para disfrazar el continuismo de las políticas antisociales de Uribe Vélez. Obvio, con algunos cambios de estilo, pues el presidente actual no se caracteriza por la chabacanería arrieril del saliente presidente. En esto si habrá, y espero que por mucho tiempo, un aire renovador. Pues Uribe nos tenía mamados de su lenguaje barriobajero y actitudes lumpenescas, tan de moda hoy en el país.

Nota: en los acuerdos con Venezuela, que tanto preocupan a algunos plumíferos en lo atinente a la deuda con “empresarios colombianos” no se debe olvidar un “pequeño detalle”: que nuestros bandidos se aprovecharon de la generosidad del vecino para estafar al pueblo hermano.

Un ejemplo al canto: la venta de carne en canal y en pie, fue un gran negocio en el que los paramilitares (ahora eufemísticamente llamados Bacrim) se aprovecharon para sacar gran cantidad del ganado que habían robado, y, en compañía con corruptos militares y políticos de Venezuela, fingieron exportaciones cuando sólo retornaban y reintroducían el mismo ganado varias veces.


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