11 de noviembre de 2008

Un espejo.....

De la antropóloga Marlene Singapur, traemos para nuestros lectores otra de sus columnas, que no dudamos será un nuevo motivo de reflexión.


Marlene Singapur, Antropologa Ph.D

domingo 9 de noviembre de 2008

ESPEJO NEGRO PARA DÉSPOTAS

Para conocer algo, lo mejor es obtener un punto externo que posibilite una clara visión del conjunto y los detalles del objeto o situación a conocer. Es lo que tradicionalmente hacemos en el proceso de producción científica o académica: generar las condiciones para contrastar y verificar.

Aunque la visión de la realidad desde esa periferia no es necesariamente inocente ni verdadera (siempre es posible manipularla, al estilo de la ‘Maquina de Visión’ de Paúl Virilio), no hay duda de que la aparición de Barack Obama ha arrojado una potente luz sobre Álvaro Uribe y su proyecto, irremediablemente atado a los procedimientos y percepción del mundo de su incondicional amigo George W. Bush. Que por fortuna ya es pasado.

Obama es ese afuera que necesitábamos, una irradiación que poco a poco derretirá el mágico ‘teflón’ de Uribe, para que podamos conocerlo sin mediaciones; o para confirmarlo, en el caso de los que nunca dudamos.

Eso es lo que comenzó a advertirse en el reciente discurso presidencial, emitido durante la celebración del octogésimo noveno aniversario de la Fuerza Aérea Colombiana, donde Uribe dijo: "los colombianos me dicen jocosamente: ‘Presidente, ¡qué puntería la de la Fuerza Aérea!’, ¡sigan aguzando esa puntería!…”. Alocución que finalizó con su acostumbrada incitación a las fuerzas del orden a exterminar ‘terroristas’.

En medio de la aflicción de un país abrumado por la cantidad de crímenes selectivos ejecutados por agentes del gobierno, ansiosos de cumplir con la Seguridad Democrática y cobrar sus recompensas; y considerando, por otro lado, el ambiente esperanzador generado por la llegada de Obama al poder, envuelto en mensajes de reconciliación y dialogo; las palabras de Uribe no podían sino herir, nunca antes más dramático y amargo el testimonio de su naturaleza despótica.

Recluido en la beligerancia que le permitió prolongar por seis años su popularidad, Uribe no puede divisar el nuevo ambiente, inclinándose aún por ostentar, ‘jocosamente’, la puntería de sus francotiradores.

Lejanamente percatado de lo inconveniente de mostrarse tal cómo es, el Presidente ha procurado disimularlo, blandiendo un súbito e inusual interés por ‘lo social’, que ahora propone como nuevo perfil para el Plan Colombia, plataforma de guerra que los Estados Unidos se negarán a seguir financiando.

Acostumbrémonos a ver, en adelante, al Ministro de Agricultura interesadísimo en regalar leche a los ‘pobres’ (los mismos que durante años se llamaron ‘objetivo militar’, según denuncias de la ONU y HRW que el gobierno nunca atendió), y al Presidente insistir en sus discursos en lo ‘social’, aunque ignore el significado de esa palabreja.

Demasiado tarde para que, después de tanta amenaza de aniquilación y tanta encuesta alimentada con sangre, no se note la falsedad. Y nada más lastimoso que un déspota abandonado por el cegador brillo de su otrora suprahumana autoridad.

¿Será que aprendimos, después de esta ‘joya’, a reconocer a los pacificadores?. La respuesta es no, mientras no haya ciudadanía.

(Y ofrezco disculpas por el recordatorio, pero lo anuncié hace meses en la columna ‘Fabulita del héroe desolado’, 11-VII-2008, donde regalé a los déspotas un espejo. Y helo aquí. Lo que no sabía es que sería negro y se llamaría Obama, el perfecto anti-Uribe).

http://criterocolombiano.blogspot.com

Hijo de la multiplicidad, de la vocación hibrida de nuestra época, de la disposición mental a incorporar los intereses de grupos humanos diferentes, sin una sola amenaza y sin alzar la voz Obama es hoy el testimonio vivo de las palabras de Sangor: ‘el futuro será mestizo’.

Y el mensaje ha sido contundente: desde el corazón del imperio, también cuna de la diversidad, ha florecido un Obama para anunciar que la integración humana es la ley inexorable de la globalización.

Y Uribe no se entera, aún ensordecido por una cultura terrateniente, patriarcal y colonizadora, oportunista y laxa en la interpretación de la ley, reivindicativa de la ‘raza’ y la acumulación a toda costa.

Mientras Obama propone fortalecer la ciudadanía, el sentido social de la gestión pública y el reparto equitativo del plusvalor, para Uribe la ley y el Estado son los principales obstáculos de su ideal de desarrollo nacional: un paisaje de multinacionales invirtiendo en ‘Carimaguas’ monopolizadoras de la tierra y las rentas, no importa cuantos miserables desposeídos y ‘migrantes’ (que no desplazados) arriben a las ciudades.

Obama no es el Presidente de los Estados Unidos, es el símbolo de una humanidad irreversiblemente enrutada hacia la consciencia integrativa.

Podría no cumplir Obama sus promesas, y aún la llegada de un negro a la Presidencia de la potencia planetaria (elegido precisamente para solucionar uno de los momentos más críticos de su historia) será una puerta que ya nunca se podrá cerrar, para bien de la equidad y la democracia en el mundo.

Y es una lastima que donde hay una luz tan grande, Uribe siga viendo ‘terroristas’ y futuros operativos que le ayuden a salir del espejismo.

Marlene Singapur

http://criteriocolombiano.blogspot.com
msingapur@yahoo.es


* Se puede parafrasear o copiar libremente el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente y no se comprometa a la autora en ninguna organización o militancia ideológica. Gracias.

6 de noviembre de 2008

I HAVE A DREAM....


Ahí publicamos una pieza maestra: un discurso del gran líder Marthin Luther King; en el 28 agosto de 1963 en el Lincoln Memorial. Lo asesinaron el 3 de abril 1968 . A los 40 años exactos Obama fue poclamado candidato demócrata a la presidencia de EU. El martes ganó la Casa Blanca........Eso, al menos, nos derecho  igualmente a  soñar que un mundo mejor, cualquier día,  nos espera también a los desposeídos de la tierra.
 
 Yo tengo un sueño....

 
 
Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran 
estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia.

Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.


También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo.

 Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. 

Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.
1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física.
Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra.. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, "¿Cuándo quedarán satisfechos?"
Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".
Parque en homenaje Marthin Luther King, en la universidad de Upsala, en Suecia..

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano".

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza.. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad".. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! 

De cada costado de la montaña, que repique la libertad.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro:
¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!

Washington, Estados Unidos, 28 de Agosto de 1963.

3 de noviembre de 2008

La para-cultura uribista

NOTA: Publicamos un interesante artículo sobre el fenómeno cultural del uribismo, en el que, querámoslo o no, todos estamos insertos. Es una reflexión necesaria respecto al momento político. Es una manera de empezar a mirarnos nosotros mismos, como un ejercicio intelectual imprescindible que nos ayudará a formarnos como personas. Estemos o no de acuerdo con el artículo, nos brinda una óptica diferente para analizar la situación. La redacción

La para-cultura uribista

Noticias del Sur

Por Díez, E.; Reyes, L.; Díaz, P.; Gerdts, A. y Rodríguez, C. Profesores de Universidad y Representantes de Sindicatos (España y Colombia).

La para-cultura nace ligada y subordinada a la para-política. Cuando formas sociales se cristalizan hay lugar a que se pueda hablar de una cultura emergente. Esta para-cultura emergente se ha consolidado en Colombia, constituyendo un sistema coherente de pautas institucionalizadas, expresadas a través de símbolos, rituales, mitos, héroes, lenguajes, etc., que permiten interpre­tar, dar sentido e incluso adaptarse a un entorno macondiano de impunidad y barbarie como el que se vive actualmente en el país. La descripción de las características que configuran esta para-cultura uribista es el propósito de este artículo.


La cultura social


La cultura nos influye en nuestra forma de ser y de comportarnos, en lo que pensamos y en lo que decimos. De la misma forma que un pez, en una fábula animada, no se percataría de vivir inmerso en un ambiente diferente al resto de las especies, los seres humanos tampoco solemos caer en la cuenta de que vivimos sumergidos en una cultura de la que somos parte. Tendemos a olvidar nuestro código cultural a pesar de que somos conscientes de tenerlo. De hecho la cultura consiste en "inadvertidos" sistemas de valores, ideas, creencias, normas, símbolos y artefactos que han sido construidos por una sociedad determinada en el transcurso de su historia y que son compartidos por las personas que la integran.


De manera inconsciente, al ser socializados en una cultura vamos apren­dien­do qué cosas son buenas y cuáles no, qué comportamientos son aceptados y cuáles no, qué tenemos que hacer para alcanzar aquellas metas que son deseables dentro de ella, por ejemplo. Por tanto, la finalidad de una cultura viene a ser interpre­tar, dar sentido e incluso adaptarse a su entorno. Pero la cultura va más allá de proporcionar códigos de conducta, conocimientos o marcos de referencia. También influye en las metas y objetivos de los individuos y los grupos humanos. Contribuye igualmente en el tipo de vida social que se desea y en las relaciones con los demás. En definitiva, podemos decir que la cultura moldea profundamente a la gente.


Su función es la de control social. Identifica a sus miembros a través de formas de pensar y de actuar que les son comunes y que, en consecuencia, les confieren una identidad colectiva. Incluso, conforma la personalidad de sus miembros al imprimirle unas maneras de compor­tarse, orientando sus gustos, estableciendo un lenguaje común y unas categorías conceptuales compartidas, unos criterios para la inclusión y la exclusión del grupo; establece un consenso sobre los criterios y reglas que determinan cómo se obtiene, se conserva y se pierde el poder; determina cuáles son las conductas heroicas del grupo y cuáles las punibles, qué es lo que se recompensa y qué lo que se castiga.


La para-cultura


En Colombia ha surgido y se ha asentado una "para-cultura" ligada y subordinada a la para-política. Para-política es el nombre con el que se le conoce al escándalo político desatado en Colombia a partir de 2006 por la revelación de los vínculos de políticos de la clase uribista gobernante con paramilitares1. Es la síntesis entre política, narcotráfico y paramilitarismo.

...del maestro Fernando Botero...
Cuando formas sociales se cristalizan, hay lugar a que se pueda hablar de una cultura emergente. De aquí que nosotros utilicemos el término "para-cultura" para identificar conductas y valores promovidos por una clase dirigente que, para impedir el avance político militar de las FARC, fomentó relaciones sociales delicuescentes en un endeble Estado de derecho.


Para comprender las características que definen esta "para-cultura" hemos de analizar los elementos que la configuran: las manifestaciones o artefactos culturales (rituales, símbolos, mitos, héroes, etc.), manifestaciones externas y visibles del núcleo más profundo que configura el auténtico meollo de la para-cultura: las presunciones o creencias básicas.


Rituales y ceremonias


Los rituales y ceremonias son secuencias rutinarias de actividades programadas y sistemáticas, técnicamente superfluas, pero socialmente esenciales puesto que muestran, dramatizan y refuerzan los valores centrales de la para-cultura, las metas de mayor importancia y los comportamientos y las personas imprescindibles; proporcionando cohesión y solidaridad colectiva, reforzando la identidad y los sentimientos de pertenencia de los miembros de la para-cultura.


Uno de los rituales más significativos que ha inaugurado esta para-cultura son los Consejos Comunales de Gobierno.

Estas ceremonias semanales, retransmitidas por la televisión, se han convertido en Colombia en rituales en los que el Presidente Uribe escenifica su poder y "liderazgo" indiscutible disponiendo de manera discrecional sobre el presupuesto, las obras prioritarias, regañando públicamente a sus subalternos, dando órdenes a otros poderes públicos como ocurrió en el concejo comunal de Florida (Valle) el día 24 de mayo de 2008, cuando le expresó al General Gómez Méndez: "Métalo a la cárcel" y ordenó detener, indirectamente y sin nombrarlo al senador del Polo Democrático Alexander López. Si bien su desarrollo es, en apariencia informal, la estructura repetida una y otra vez con la misma secuencia, el mismo proceso, la misma teatralidad, transmitía la seguridad necesaria y firme para dar confianza progresiva: "escucha los problemas de su pueblo" y con una actitud paternalista promete la solución de los problemas a sus "afligidos hijos". Parodia moderna de aquellas audiencias medievales en las que el señor feudal, acompañado de su corte, oía a los siervos de la gleba como gobernante, juez y legislador. Generando así un esquema autocrático y discrecional con el que se compromete la realización de obras, el otorgamiento de ayudas y la solución de problemas individuales, en unos novelones de quejas vecinales, problemas individuales, carencias comunales, que van siendo resueltas uno por una, con gritos destemplados de "apunte Andrés Uriel", "tome nota, jefe de prensa", "encárguese, Alcalde", "concedido doña Julia" o "hágale el puente a don José, ministro", etc. Sustituyendo la ley, la norma, el acuerdo establecido por la feria del gasto público repentista y "populachera", al ritmo de las oscilaciones emocionales del gobierno.


Símbolos


Otro elemento significativo de toda cultura son los símbolos. Los símbolos son signos arbitrariamente
elegidos que buscan identificar al grupo perteneciente a esa cultura y comunicar unos determinados mensajes. Y la para-cultura uribista se ha rodeado de símbolos de "poder y energía". La escenificación constante ante la opinión pública de la democracia como seguridad, en términos simbólicos de despeje de las vías públicas que atraviesan al país, el pago de "informantes", la militarización de las carreteras, las caravanas turísticas acompañadas de la fuerza armada con sus retenes, el reclutamiento o "secuestro" forzado de soldados campesinos, acostumbrando a la población a vivir con la milicia y percibir que no es posible viajar, convivir, ni vivir sin el acompañamiento de las botas y los fusiles. Sorprende esta imagen, repetida una y mil veces por los medios de comunicación, en contraste con la situación vital de las personas desplazadas que no pueden viajar a las fincas de las que fueron echadas por los paramilitares y terratenientes de sus lugares de origen. Sorprende que este hecho no aparezca en los medios de comunicación, ni que trascienda en la opinión pública. Esta es la fuerza de los símbolos: comunican mensajes fuertes, emocionales, potentes, pero que ocultan aquellas realidades que no se quieren hacer aflorar. Es tan intensa la ligazón emocional del símbolo, que nadie se atreve a preguntar: "¿seguridad democrática para quién?".


Símbolos de "poder y energía" reforzados a través de toda la parafernalia publicitaria que acompaña la figura de este presidente en los carteles publicitarios: ubicado de lado, sin mirar al espectador, con el dedo índice (el dedo "del poder", de la autoridad) señalando el camino a seguir, como el "gran timonel" que nos indica cuál es la dirección correcta, el camino adecuado. Acompañado por la frase "¡Adelante, Presidente!". Construcción paradigmática de toda una política centrada en un líder "carismático" y mesiánico, imbuido de fuerza divina, que es el que nos conduce a la salvación. Mensajes emocionales que son asimilados por buena parte de la población colombiana de clase media que "reutiliza" los símbolos con los que se sienten identificados con el líder: el sombrerito paisa, la ruanita, el carrielito; reinvenciones de "orgullo patrio", arrebatados y transmutados de la cultura campesina.


Símbolos que, en su extremo esperpéntico, han devenido en la denominada "para-cultura traqueta"2. Exhibición banal de ostentación de nuevos ricos con camionetas costosas, de vidrios oscuros, que conducen con soberbia inigualable; varones acompañados de mujeres operadas al estilo de las telenovelas, con ropas de marca y viviendas de estrambótica suntuosidad. Todo ello combinado con manifestaciones groseras en el hablar, el comer y el beber, en el abuso del poder y en la humillación de los débiles. Elementos de ostentación de un poder abusivo que se manifiesta "sin complejos", de forma desafiante y amparado en la impunidad más absoluta.



Mitos


Hacen referencia en las culturas a sucesos que se recuerdan y se cuentan de forma magnificada, embellecida, heroica e intemporal, creando arquetipos que expresan los valores de esa cultura y que acaban siendo justificaciones a través de verdades "irrefutables", que intentan sacralizar en su origen las normas de conducta en la cultura.


El mito más evidente y obvio, es el que liga y une de forma indisoluble la autoridad y el bien. De la autoridad emana la verdad, el bien y la seguridad. Se está enraizando así un ethos autoritario en una significativa porción de la población colombiana que se refleja en una predisposición a conformarse acríticamente con los mandatos del poder, investidos por el sujeto de autoridad. De nada sirven las instituciones democráticas, de nada sirve la justicia o la policía, si se nos trasmite a cada paso que están al servicio del poder paramilitar, lo amparan y son parte de él. La sumisión a esa autoridad bendice la irresponsabilidad de un Presidente de la República al que todo se le permite con tal de satisfacer la ilusión de llevarnos a una deseada "edad dorada", prometida una y mil veces. Este mito consagra así el imperio de la impunidad. Nada se investiga, nada se castiga. Incluso los responsables de las masacres y atrocidades de las acciones paramilitares llegan al parlamento y a los círculos del poder. Es lo que Klein (2007) ha denominado "terapia de shock". Las sociedades en estado de shock a menudo renuncian a valores que, de otro modo, defenderían con entereza.


Este shock se produce en el contexto de otro mito creciente: la necesaria, urgente y prioritaria guerra contra el denominado "terrorismo". Porque esta no es una guerra que haya que ganar, es una guerra infinita, apadrinada por la administración norteamericana, que permite mantener una situación de permanente amenaza y, por lo tanto, una constante exigencia de "seguridad" dentro de los Estados que se han de reforzar y rearmar hasta los dientes ante estos conflictos infinitos. Y se recalifica a los grupos insurgentes, a los disidentes y a los partidos críticos con el uribismo como terroristas. Esto facilita perpetrar impunemente masacres corporativas, eliminando toda disidencia y robando las tierras a miles de campesinos y campesinas, a los que acusan de cómplices de la guerrilla, para destinar esas tierras a grandes megaproyectos con pingües beneficios para los terratenientes y las compañías. Esta tremenda violencia es la que permite rehacer el país como economía de 'libre mercado' modélica.


En este contexto se está construyendo otro mito simultáneo: "lo privado es mejor". El Estado colombiano empezó a entregar sus riquezas al capital extranjero al privatizar y desnacionalizar empresas en los años 90, pero el auge privatizador se realizó con mayor dureza en la era de Uribe, retomando el recetario habitual. Primero, generó la crisis en las empresas públicas como Telecom, Inravisión, Seguro Social, en las cuales hubo desinversión y sobrecostos por parte del Estado. Antes de ponerlas en venta, a través de los medios, se creó la visión de que eran empresas ineficientes y costosas para el Estado y para la sociedad. Luego, en el caso de estas empresas, de un día para otro, les impidió el acceso a los trabajadores y trabajadoras, les cambió la razón social y así despidieron a miles.


Los héroes


Como podemos ver, toda esta para-cultura se articula en torno a un hombre, un héroe: el presidente Uribe. Porque otro de los elementos externos y visibles que configuran las subculturas son los héroes. Los héroes hacen referencia a aquellos personajes, líderes fundadores o héroes circunstanciales, que personifican los valores de una determinada subcultura y como tales proporcionan modelos tangibles para sus seguidores. En este sentido, Uribe ha construido, por supuesto con la ayuda inestimable de los medios de comunicación a su servicio, la imagen heroica precisa: un héroe "paisa", que apenas duerme, preocupado por los problemas de su pueblo, trabajando constante y tenazmente, presente en todas partes. Aparece como "Uribe, el gran benefactor", el hombre comprometido con el trabajo incesante, el gran redentor de las problemáticas que agobian al país, que casi no duerme porque tiene un compromiso con el país.


Esta imagen heroica del presidente, transmite un modelo de trabajador que corresponde a uno de los principios clave que caracterizan a la globalización neoliberal con su proyecto de flexibilización laboral. Exige olvidar y abandonar las conquistas de los trabajadores y las trabajadoras en términos de prestaciones, horas de trabajo semanal, horas extras, vacaciones, cesantías, estabilidad que ha conseguido la clase trabajadora con su lucha por unos derechos laborales mínimos. Representa, por el contrario, el nuevo rol que se exige en la para-cultura, en la sociedad del uribismo, el trabajador independiente, auto-responsable, empresario de sí mismo, que trabaja toda la vida, sin horarios, sin garantías por parte del Estado, que es competitivo y que genera beneficios, resultados. Trabajador flexible, que no exige contraprestraciones a su entrega incondicional. Que se rinde al culto a la eficacia y a la autoexigencia.


Este presidente "heroico" lógicamente tiene el derecho, es más, el deber, de presentarse a la reelección de forma indefinida, porque está investido de la misión de salvar al país. Hay que darle tiempo. Si no se consigue lo que ha prometido es porque no se le ha dado tiempo suficiente. Si hay problemas, es porque no se le ha permitido profundizar todavía más en sus medidas neoliberales. Esta fe inquebrantable y a prueba de evidencias en el héroe, configura un fanatismo que no admite dudas, que no permite cuestionamientos. Hoy Uribe piensa en otra nueva reelección y el pueblo colombiano, atemorizado y engañado, fascinado por la liberación de Ingrid (justo un día después de la reactivación de la Cuarta Flota de la Armada estadounidense y durante la visita a Colombia de John McCain, candidato presidencial del partido Republicano estadounidense), piensa que no hay otra alternativa. Quienes no lo apoyan son "apátridas" y deben ser vapuleados (al menos se merecen una paliza electoral), e incluso se les conmina a abandonar el territorio macondiano. Por el contrario, los "paras" se han hecho acreedores a la respetabilidad nacional por haber defendido con éxito criminal al Estado y su gobierno.


El lenguaje


El lenguaje, como podemos ver, es otro de los elementos culturales característicos de una subcultura. En todas ellas, se va creando un lenguaje común, que construye una forma de pensamiento común. Porque al adquirir las categorías del lenguaje propio de esta subcultura, adquieren las estructuras mentales y lingüísticas, el lenguaje apropiado, que han de utilizar. Se establecen así categorías lingüísticas que les identifican y les diferencian de otros.


El lenguaje propio de esta para-cultura es lo que podemos denominar con propiedad "lenguaje uribista". Es un lenguaje caracterizado por la ampulosidad omnipresente, el desafío abierto, la verborrea machista, del "conmigo o contra mí": "Yo no me siento hablar con esos bandidos", "Firmaré el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos así caigan rayos y centellas". "Estoy muy berraco con usted y ojala me graben esta llamada... y si lo veo le voy a dar en la cara, marica." Así regañó al exfuncionario del palacio Luis Fernando Herrera Zuluaga.


Este insulto frentero sin argumentos, que tanta gente confunde con valentía, está permeando los discursos y el lenguaje de las instancias públicas y privadas de la vida colombiana: ya no cabe disentir, porque a nadie se le ha enseñado a argumentar, y porque todos han terminado por asumir que manifestar un desacuerdo equivale a insultar. Se oyen así, de forma cada vez más frecuente, expresiones en los medios de comunicación, hablados y escritos, en las que se refieren a la oposición con términos groseros, insultantes y despectivos. Es común leer en los foros de los periódicos y revistas expresiones como esta: "Adelante Presidente, mano firme a acabar con estas ratas."


La red cultural


Entramos así, de lleno, en el último de los componentes de una subcultura, la denominada red cultural. Es el conjunto de miembros más o menos afines a la para-cultura que "transportan" o transmiten los valores de la misma de una manera informal a través de mecanismos de comunicación básicos. Porque, no nos olvidemos, que los paras han penetrado no sólo los núcleos de poder más altos (medio centenar de congresistas están siendo procesados por vínculos con los paramilitares; es más, el "primísimo" Mario Uribe y su incondicional amiga Rocio Arias, están incursos en las mismas sindicaciones), sino también toda la estructura intermedia de la sociedad colombiana, generando una red extensa e intensa como si de una tela de araña se tratase.


La penetración paramilitar se ha ido consolidando en instituciones claves como la Fiscalía General, el Departamento Administrativo de Seguridad, el servicio diplomático; a nivel regional, las gobernaciones y alcaldías, que han quedado bajo control paramilitar o han sido simplemente instrumentalizadas.


Toda esta red, que se extiende lenta pero constantemente, ha ido consolidando no sólo un poder cuasi omnímodo y clientelar, sino una forma de ver la realidad, un lenguaje para denominarla, un tipo de debates determinados, un exaltamiento de determinadas noticias y un ocultamiento sistemático de otras, un estilo de contar el mundo, unos gestos de relación y una cosmovisión, en definitiva, sobre quiénes somos, qué queremos y a qué aspiramos los colombianos y colombianas que ha ido conquistando el corazón, los deseos y el cerebro de buena parte de la población. Se reconstruye así "el corazón de una nación".


El elemento básico que configura la red cultural uribista son y han sido, obviamente, los medios de comunicación afines, es decir, todos los grandes medios de comunicación colombianos en manos del capital. El control de los medios de comunicación por la burguesía colombiana ha permitido la manipulación avasalladora de la opinión pública. Toda la batería mediática profesa el uribismo y, en su momento expansivo, encubrió el paramilitarismo a tal punto que de la magnitud de éste y de sus horripilantes crímenes solo empezó a saber el país, cuando el régimen decidió "institucionalizar" (reinsertar a la civilidad, legitimar políticamente e incorporar como beneficiarios sociales) a los grupos paramilitares.


Como lo señala Juan Diego Restrepo, en un artículo de la Revista Semana: "Asistimos pues en Colombia a la tiranía de la información: todos nos ofrecen diariamente el mismo 'menú', como si el proceso de producción de la noticia se hiciera bajo la dirección de un sólo jefe de redacción al mando de un mismo equipo de editores (…) Hoy, todos los medios informativos nacionales cercanos al poder, observan los hechos desde el mismo lado y con los mismos ojos, parados sobre los hombros de las grandes empresas que los financian y del poder político que respaldan."


Los valores y presunciones


Todos estos hechos y comportamientos que revelan los artefactos culturales que ha ido construyendo de una forma sostenida y organizada la para-cultura uribista nos van haciendo percibir los valores centrales y las creencias y presunciones subyacentes que hay tras ellos y que son los que realmente nos pueden hacer entender el 'meollo' de esta para-cultura. Son los paradigmas o esquemas implícitos, interrelacionados y coherentes, que realmente están orientando, justificando y consolidando la conducta de los componentes del uribismo y les permiten percibir, concebir, sentir y juzgar los abusos, atrocidades y crímenes de una forma coherente dentro de esa "para-cultura" que se ha convertido en su "segunda piel". No sólo explican la barbarie, sino que también dan coherencia interna al sistema y seguridad a los componentes de la misma, convenciéndoles del sentido de lo que hacen.


Porque la aceptación y consolidación de esta nueva barbarie en las instituciones públicas, en los debates televisivos, en el sentido común de la población no sería posible si no se hubiera consolidado una presunción básica de la para-cultura uribista en el imaginario colectivo: no hay grises, no hay término medio, o ustedes están "conmigo" o ustedes están "contra mí". Esto se ha retraducido en la práctica en el discurso de "el que no esté con las políticas de expansión y dominación norteamericanas, está con el terrorismo", son "terroristas vestidos de civil". No hay, entonces, un enemigo localizado, sino que se construye según las circunstancias y las necesidades. No podemos olvidar que después de la movilización del 6 de marzo de 2008, en homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado, el establecimiento uribista ha recrudecido la embestida de asesinatos, desapariciones, atentados, torturas y amenazas contra miembros del Movimiento Nacional de Víctimas y otras organizaciones.3


En un ya famoso escrito titulado "me volví uribista", Daniel Samper Ospina, sintetiza esta "para-cultura" de forma gráfica: "Como no aguanto tanta presión de grupo, he decidido volverme uribista. De modo que de ahora en adelante botaré mis libros de filosofía y mi filósofo de cabecera será José Obdulio Gaviria. Creeré que la meritocracia para ser nombrado en una embajada consiste en ser hijo de un político uribista, ojalá costeño y ojalá corrupto. Creeré que los paras eran un mal menor, necesario para acabar con la guerrilla. Me parecerá que los crímenes de los paras no eran tan graves. Estigmatizaré a la izquierda y pensaré que cuanta persona oiga a Silvio Rodríguez, tome vino caliente o use mochila, en realidad es un terrorista en potencia. Creeré que vamos ganando la guerra y lo que nos hacía falta era mano dura. No aceptaré las derrotas y saludaré a mis rivales con asco y sólo cuando sea inevitable. Recortaré las columnas de Fernando Londoño, y lo que tiene aun más mérito trataré de leerlas hasta el final sin quedarme dormido. Creeré que deberíamos hacer una constitución a la que uno pudiera cambiar un articulito cada vez que se le dé la gana, para que Uribe no se vaya nunca de la presidencia. Creeré que no hay nadie fuera de Uribe, ni hubo nadie antes, ni habrá nadie después. Me compraré un caballo y un sombrero y los cabalgaré y no me sentiré como un Ochoa sino como un Uribe al hacerlo. Creeré que Uribe es entretenido incluso hablando de fútbol. Me cortaré el pelo al ras, me apuntaré el botón del bobo. Tendré sexo con las medias puestas y solamente para procrear. Ingresaré al Opus Dei. Admiraré a Franco en secreto".


Estamos a tiempo de revertir esta masacre. Esta convicción ha de poseernos hasta el compromiso (Ernesto Sábato).

*Notas:


1 Grupos armados ilegales de extrema derecha que se autodenominan como autodefensas. Según la investigación realizada por Contreras y Garavito (2002, 172), corresponsal del Newsweek y columnista de El Espectador respectivamente, basándose en informes de la Unión Europea, Álvaro Uribe Vélez, siendo gobernador de Antioquia fomentó y apoyó abiertamente las Asociaciones Comunitarias de Seguridad, Convivir, grupos armados que han respaldado una contrarreforma agraria en beneficio de los terratenientes, de narcotraficantes y del desarrollo de megaproyectos, originando tres millones de personas desplazadas a las que se les ha arrebatado sus tierras, sus pertenencias y su futuro.


2
Traqueto (a). Palabra que no existe en el diccionario pero que se utiliza en Colombia para denominar a los "nuevos ricos", procedentes de las mafias. Es la onomatopeya del sonido de las ametralladoras.


3 Ya han sido asesinados más de 15 miembros pertenecientes al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado y recientemente 4 sindicalistas que convocaron la marcha del 6 de marzo de 2008 en homenaje a las víctimas del paramilitarismo, la parapolítica y los crímenes de Estado. En los cinco años de gobierno de Uribe Vélez han sido asesinados impunemente 564 mujeres y hombres sindicalistas de la Central Unitaria de Trabajadores (y más de 2.300 muertos en los últimos 20 años).

29 de octubre de 2008


Pilatos se lava las manos..?



Por Koestler


Con gran despliegue el Presidente Uribe anuncia una severa purga en el ejército. Generales, coroneles, mayores, capitanes, etc. Y apenas empieza. En la "Casa de Nari" por fin descubrieron lo que todo mundo sabía: que las fuerzas armadas cometían gran cantidad de violaciones a los derechos humanos. Llegó la hora de lavarse las manos y dejar en otros las responsabilidades.

Pero la verdad política es otra. Y el análisis es diferente. En primer lugar, ni la gran prensa ni el gobierno, y menos los políticos del uribismo tienen derecho a decir que no estaban informados. Las denuncias fueron no sólo innumerables sino que costaron muchas vidas. Los valientes —que los hay en esta dolorida patria donde la mayoría nos escondemos cobardemente— que se atrevieron a denunciar o reposan en los cementerios o están desaparecidos o se hallan asilados. Esa es una dura verdad.

El primer gran perseguidor de aquellos que se atrevieron a denunciar los hechos  fue quien precisamente tenía la obligación de defender a las víctimas, y se llama ÁLVARO URIBE VÉLEZ. ¿Acaso no recuerda los banquetes de desagravios a los promotores de limpieza social en Urabá, al "procer" Rito Alejo del Río y sus colaboradores? ¿Olvidan acaso en la casa de Nari las acusaciones de terroristas contra aquellos que alertaron sobre la masacre?


Pilatos se lava...

El cinismo oficial —en boca del "perínclito" ideólogo José Obbulio Gaviria— llegó hasta a afirmar que en este país no existes desplazados sino turistas, y que los muertos son simples personas que se esconden para desprestigiar la Estado. La gran mentira nacional fue acuñada desde la "Casa de Nari" y coreada por la gran prensa: radio, televisión, diarios y revistas, con plumíferos a sueldo que calumniaban y mixtificaban la realidad para ocultar el gran crimen nacional.

Es de tales dimensiones el escándalo, que el gobierno sale a levantar una cortina de humo con una investigación que tapará la realidad. La de los orígenes de la tragedia que hoy se usa para mostrar ante el mundo una situación distinta a la verdadera. No nos llamemos a engaños. De mucho podrán jactarse en la "Casa de Nari", menos de que son defensores de los derechos humanos. 

En segundo lugar, estos crímenes son productos de una política oficial. La de exigir "resultados" y someter a la oficialidad y la tropa a una presión insostenible en aras de exterminar la guerrilla y aplastar las luchas populares. Y el gestor de dicha política es el Presidente de la República.  Fue una decisión política avalada por sus corifeos y su ministro de guerra, el Dr. Juan Manuel Santos, en cuyo desarrollo se implementaros políticas, normas, tácticas y una estrategia de arrasar con todo lo que se les opusiera.

Los ejércitos son máquinas de guerra. Sus hombres son entrenados en nuestro país para "matar", para "destruir al enemigo", para "aniquilarlo". Basta no más con observar la forma como se entrenan a los soldados lavándoles el cerebro con las frases de matar, aniquilar, exterminar a los enemigos de la patria, etc. Y eso es responsabilidad política del gobierno nacional. Les dan órdenes de matar y cumplen con ellas. Si el Presidente cataloga a cualquier ciudadano como terrorista o enemigo de la patria, por diferir de su pensamiento, esa es una orden de aniquilar para una máquina de guerra. Es inevitable.

De alli que nos atrevemos a calificar como primer gran culpable de esta hecatombe moral, de este crimen de Estado al alto gobierno, y en él, como su primera cabeza, al Presidente. No hay otra conclusión. 



No exculpamos a los militares por sus crímenes, por su indolencia en el control o por el desorden en la guerra. Pero nos indigna que quieran ponerlos a ellos de cabeza de turco para que los mayores culpables, los deteminantes políticos puedan seguir orondos y tranquilos ante la certeza de que otros ya pagaron por sus decisiones. Ahí no puede quedar el ejercicio de "limpieza" del ejército. Esa es una felonía.

Así como se sanciona a los jefes de las guerrillas por los crímenes que cometen sus hombres, como en el caso de Machuca, igualmente el jefe de Estado, el presidente Uribe, debe responder civil y penalmente por los actos de "sus muchachos". Lo demás es hipocresía. Y con él su ministro Santos y demás autores intelectuales. Porque el problema no van a ser cien o doscientos jóvenes asesinados. Pueden superar el millar, y más, si se analiza que igualmente muchos de los asesinatos que se han hecho pasar como de la guerrilla pueden tener el mismo origen. Porque si en unos casos se actuó por necesidades militares, en otros se hizo en la guerra por la tierra.

En aras de la brevedad, suspendo aquí esta nota. La próxima ahondará en otros aspectos, como los de los carteles de las drogas, paramilitarismo, cultivos tecnificados de palma africana, etc.

La Valentía


Finaliza la serie de Jesús Mártínez Álvarez sobre las siete virtudes del gobernante.  Indudablemente un buen punto de partida para una reflexión sobre lo que debe ser el verdadero adorno de un gobernante.
Damos las gracias al autor por su deferencia al enviarnos sus materiales y permitirnos publicarlas. 




Las siete virtudes del gobernante (VII)

 

V A L E N T I A

 

Por Jesús Martínez Álvarez

 

VOLTAIRE afirmaba que la valentía no es una virtud sino una cualidad, quizá queriendo expresar que la valentía no tiene moral como si la tienen las  virtudes. La realidad prueba que así es: el homicida es valiente y lo es también el que arriesga su vida para cometer un ilícito.

 

Al margen de las épocas, las costumbres, las culturas, la valentía ha sido universalmente apreciada siempre, y tanto, que hasta el cobarde quiere parecer valiente y el temeroso hace todo lo posible para ocultar sus miedos.

 

Por ello es que, a pesar de su importancia como virtud del gobernante, la abordamos después de haber expuesto el valor de la integridad, la honestidad y la prudencia, porque sólo al lado de ellas la valentía adquiere el carácter de virtud.

 

Sin valentía, el gobernante tiende a paralizarse o a optar por la decisión menos riesgosa sin que necesariamente sea la mejor.

 

El gobernante está obligado a asumir riesgos, más allá de su propia seguridad, porque lo que está de por medio es el bien común, que generalmente no se construye con precaución excesiva o con decisiones a medias.

 

Los ciudadanos no eligen a un gobernante para que se mantenga a salvo sino para que ponga en juego su nombre, su esfuerzo y hasta su vida al servicio de las causas comunes.

 

Fácil sería para cualquiera que tenga la responsabilidad de gobernar parapetarse en la inmovilidad y esperar a que la inercia  o el tiempo solucionen lo que le corresponde a él solucionar. Puede que sobreviva y logre concluir su periodo, pero ese periodo habrá sido un tiempo socialmente perdido.

 

Suspendida la comunidad que dice gobernar, acrecentados los conflictos, arraigados los problemas, harán erupción algún día y la responsabilidad será de quien los ocultó bajo la alfombra para no enfrentarlos.

 

El valiente Don Quijote


La valentía, ya se sabe, no implica ausencia de temor, sino capacidad de superarlo, capacidad que a su vez requiere de visión para orientar el rumbo y decisión para actuar aun cuando la acción signifique algún costo.

 

El gobernante tiene la obligación de analizar los elementos que tenga a la mano (inteligencia política, no espionaje) y prever posibles escenarios antes de tomar una decisión, pero no puede, nadie puede, garantizar las consecuencias de sus decisiones. Por definición, las decisiones son inciertas. Si no fuera así, no serían decisiones.

 

Quien acepta la responsabilidad de gobernar asume, debe asumir, los riesgos inherentes. Si alguien privilegia la seguridad por encima de su deber… hay otros oficios  y actividades que le esperan. No la tarea de gobierno.

 

La recomendación genérica de BALTAZAR GRACIÁN:"pon un grano de audacia en todo cuanto hagas", es especialmente acertada en el gobierno porque sólo así quien lo encabeza puede responder a la expectativa de la sociedad, que no quiere parálisis ni indolencia, sino decisiones valientes que mantengan el barco a flote, pero sobre todo, que lo hagan avanzar.

 

En tiempos que van de prisa, no pueden ser lentos los cambios. Cierto como nunca, quien se detiene se rezaga porque la  velocidad de las transformaciones reclaman prudencia pero también valor. Sólo quien actúa oportunamente puede ofrecer avances. La inmovilidad puede ser propia del observador que requiere tiempo para expresar su análisis, pero no es aliento de gobierno porque éste es acción sin precipitación, acción sin aletargamiento, es decir, acción responsable y eficaz.

 

La valentía es condición imprescindible para el gobernante y exigencia de los gobernados. Acotada por virtudes de responsabilidad e integridad, el ejercicio de la valentía, y no su expresión retórica, constituye el marco de conducta que impulsa a los pueblos a ampliar sus horizontes. El gobernante que no lo hace, condena a la sociedad a la inacción, que rápidamente se convierte en inseguridad, injusticia social, rezago y marginación.

 

El gobernante debe ejercer la valentía a favor del bien común, más allá, mucho más allá, de la satisfacción de su vanidad o de la salvaguarda de su seguridad.

 

Si usted coincide conmigo en las siete virtudes que debe cultivar todo gobernante, o si su lista es diferente, de cualquier manera espero haber contribuido a enriquecer su reflexión para que entre todos seamos más demandantes y exigentes respecto de la conducta de quienes nos representan.

 

jema444@gmail.com

www.jesusmartinezalvarez.com.mx

 

POSTDATA:

La crisis económica es un fenómeno global que afecta a todos los países. Los EE.UU., donde se origina gran parte de ésta, deben, en un acto de responsabilidad social y solidaridad humana, levantar temporalmente el embargo a Cuba, que padece los azotes de la naturaleza que han dañado a cientos de miles de personas del hermano país de Cuba.

 

Hacerlo no implica ninguna derrota, sencillamente sería un acto de humanidad.


Ilustraciones: Santiago Carusowww.caruso-art.blogspot.com/