11 de marzo de 2014

Mamerías...




Por Acidonitrix


Uribe tiene razón…

…cuando dice que el Congreso es ilegítimo. Es decir, un Congreso de bastardos, o al menos, al que llegaron muchos bastardos, hartos de los cuales al parecer reconoce Uribe como tales y los prohijó en tal papel. Pero queda una duda: ¿Cuándo José Obdulio Gaviria pide que Uribe sea el próximo Presidente del Congreso, se refiere acaso a presidir a los hijos de putas? ¿Se mete en esa lista?

El orgullo de Uribe…. 

Un buen maestro sabe que gracias a su profesionalismo siempre, siempre, habrá alumnos que lo superen. Uribe puede sentirse orgulloso de que su alumno Santos lo iguale o lo supere.  Lo que no tiene razón es de acusar a Santos de corrupto por repetir las prácticas non sanctas de Uribe. ¿Quién lo entiende? ¿Tendremos en el Senado a un Orate bipolar como jefe de bancada? 

7 de marzo de 2014

Iván Rodríguez: ¿iluso o comprometido?






Por anónimo



En este país los politiqueros corruptos  y el sistema nos han robado todo, todo… hasta la ilusión.  Ya deambulamos como almas perdidas por las calles de la desesperanza resignados a sobrevivir, a soportar, arrastrando nuestra dignidad. No soñamos con un futuro radiante para nuestros hijos o nuestras familias. Simplemente esperamos la sobrevivencia.  No tenemos voluntad para un compromiso sino la voluntad de entrega, sin apenas protestar.

Iván Rodríguez, mi excompañero de estudios, es una pequeña luz en este universo obscuro. Una luz que pretende ser guía. La verdad, es un iluso. Un soñador que piensa llegar al Senado exponiendo ideas, despertando almas dormidas, insuflando pasión. No creo que lo consiga. Es difícil que convenza a muchos con ideas, cuando estamos acostumbrados a vender el alma, a vender el voto y con este la dignidad. ¿Ideas? ¿Y eso qué es? Sólo entendemos de vender el voto, de apoyar los corruptos porque soñamos en que algo nos caiga del festín de la miseria nacional.

¿Ideas? ¿Dignidad? ¿Pasión? ¿Compromiso? ¿Honradez? Nuestra pequeñez moral es tal, que ya ni sabemos qué significaban esas palabras, que insuflaban de amor, ira o determinación a los abuelos. A los hombres y mujeres honrados de este país. Por ello no creo que Iván Rodríguez salga elegido; sería una anomalía histórica.

Se comprometió a trabajar por los más pobres, y de éstos, en especial por los más abandonados, por los que no existen: los campesinos pobres y medianos propietarios rurales; por las mujeres y niños que abonan día a día nuestra tierra con sus lágrimas y con sus carnes, que se consumen víctimas de los atropellos de paramilitares, guerrilleros, militares, terratenientes, y de cuanto abusivo se sienta con el derecho a abusar de ellos.

  Spot Iván Rodríguez


Tiene todas las probabilidades en contra. ¿Cómo puede competir invirtiendo en su campaña 50 millones contra candidatos de la oligarquía que gastan 2 y tres mil millones de pesos? ¿Cómo puede competir contra oponentes llenos de mermelada hasta la saciedad? ¿O contra un candidato que destila odio, que resume sangre y al que muchos colombianos admiran por su estilo de matoneo? Lo veo difícil. Lo veo difícil, casi imposible. Es la lucha de un David contra Goliat. 



Gane o no, habrá cumplido con un deber: enseñar que existen posibilidades para los colombianos que soñamos con un mejor país. Y por eso, porque me da la ilusión Votaré por IVÁN RODRÍGUEZ al senado, No. 37 en la lista del Polo. 

¡Votaré por él por agradecimiento, por despertarme la ilusión, por hacerme soñar!



4 de marzo de 2014

El expríncipe politiquero


 Reinaldo Spitaletta


                        


Los políticos son inevitables. Los politiqueros, también. Entre unos y otros hay diferencias sustanciales, que no son el caso de este escrito.

Por: Reinaldo Spitaletta
El cuento de esta columna, hoy, es el de un politiquero mayor, que dice tener el corazón grande (que puede ser señal o síntoma de enfermedad cardíaca) y la mano firme (al parecer, todavía no tiene el mal de Parkinson). Veamos.

Un politiquero -y hay ejemplos a granel en el gran potrero que es Colombia- aprovecha la desmemoria colectiva para presentarse, otra vez, como salvador (¿de su familia? ¿de sus intereses personales o de grupúsculo?...) o como mesías. El aludido, que hace doce años fue elegido por “la Far”, que a su vez habían elegido a su antecesor, da la impresión de cabalgar sobre la amnesia de la gente, que, como se nota, no toma gotitas para la memoria.

Pudiéramos tomar la frase “mano firme” como un eufemismo. Más bien, puede ser “mano dura”, y en este punto podemos empezar a desgranar la mazorca. El tipo entró pisando duro a los trabajadores cuando estaba estrenando banda presidencial. En el 2002, los castigó con una reforma laboral de infamia. Les mutiló horas extras y festivos; dijo que, en cambio, crearía empleo productivo, y todo resultó una farsa. El desempleo aumentó. Ah, y como si fuera poco, cerró hospitales públicos, al tiempo que otorgaba gabelas a empresas privadas de salud.

Muy grande fue su corazón con las transnacionales e inversionistas extranjeros. Hubo para ellos zonas francas, alivios fiscales, deducciones y otras caricias. Entre tanto, la mano dura era contra las protestas indígenas y campesinas; contra los estudiantes y trabajadores. Todos el que su voz alzara en defensa de reivindicaciones y derechos era, según él, un “guerrillero de civil”, un “terrorista”, un aliado de la subversión.

Con todos los medios de información a sus pies tendidos, aprovechó para realizar campañas macartistas, declarar que no había en Colombia un conflicto armado interno, utilizar la propaganda para sembrar odios e irrespetos contra el pensamiento crítico, y promover la opinión única: la suya. En ese campo, florecieron las “chuzadas” del DAS a periodistas independientes, magistrados y opositores; fue común la exaltación de delincuentes que, según el príncipe, eran “buenos muchachos”. Armó autoatentados (como uno en Barranquilla), compró la reelección, repartió notarías como si fueran sancochos o aguardiente, y estuvo mudo varios días cuando perdió un referendo.

Su huera fraseología de “contra la politiquería y la corrupción” (dos vicios que se robustecieron en sus ocho años de gobierno), la empleó para privatizar empresas estatales boyantes, como Telecom, a la que borró del mapa, acabó con el Seguro Social para privilegiar a grupos financieros que impusieron la salud como un negocio.
Nunca antes de su gobierno, el desplazamiento forzado había crecido a magnitudes apocalípticas. Llegar a tener en el territorio más de cuatro millones de personas expulsadas por los actores del conflicto armado, fue una vergüenza, sobre todo cuando se privilegiaba en el presupuesto nacional la llamada “seguridad democrática”, que le dio vuelo al paramilitarismo. Ah, y sin contar aquí los más de mil asesinatos cometidos por el Ejército, para hacer pasar muchachos sin trabajo como guerrilleros. Los falsos positivos son otro baldón de su gobierno autoritario.

El privilegiar con subsidios a latifundistas a través de Agro Ingreso Seguro, es otro de sus “pecadillos”. Y eso por no recordar, por ejemplo, cómo fue asesinado en Barranquilla el profesor Alfredo Correa De Andreis, o el alcalde de El Roble, Sucre, Tito Díaz, al tiempo que sus asesinos eran premiados con cargos diplomáticos por los buenos oficios prestados al señor del “corazón grande”.
Sí, corazón grande para premiar a las corporaciones extranjeras con los tratados de libre comercio (que él promovió hasta la saciedad, como aplicado acólito de Washington), a las transnacionales de la química farmacéutica, a la gringada para que estableciera bases militares en territorio colombiano, su rastrero apoyo a la invasión de Irak… Y mano fuerte contra los trabajadores de la salud, contra los obreros de la caña de azúcar y la minga indígena, por citar solo algunos casos de persecución.

Parece no haber sido suficiente que lo reciban a tomatazos y huevazos en algunas poblaciones. Ni que haya gentes que, en las manifestaciones electorales del expríncipe, le recuerden sus tropelías. Está arriba en las encuestas. Por ahí, en cualquier esquina, se preguntan si es un caso de masoquismo o de seguir navegando en las aguas del olvido.

Tomado de: elespectador.com, 03/03/2014

23 de febrero de 2014

URIBE


Héctor Abad Facio Lince



Por: Héctor Abad Faciolince

 
SI EL EXPRESIDENTE URIBE pensara y escribiera bien podría dedicarse, como Lleras Camargo, Lleras Restrepo o López Michelsen, a opinar en los periódicos, o a escribir sus memorias. Pero Uribe no es un hombre
de pensamiento, sino un hombre de acción.

Si el ex presidente Uribe amara la música, la poesía o la literatura,
podría encontrar un puesto en alguna fundación de apoyo a la cultura,
como Belisario, pero acabó con la Sinfónica de Colombia y la Banda
Nacional, o si amara las artes plásticas, podría coleccionar buena
pintura, como César Gaviria. Pero al ex presidente Uribe no lo
conmueve la novela, no le interesa el arte, y la poesía que le gusta
es la de Robledo Ortiz.
 
Si le gustara el trago, podría consolarse, como Valencia, con unos
aguardientes, pero el ex presidente es abstemio.

Si fuera el ex presidente, al menos, un mujeriego, podría anular su
matrimonio, como hizo Turbay, e irse de Embajador al Vaticano con una
nueva esposa bien joven, que le hiciera masajes en los pies.. Pero al
ex presidente no le interesa la lujuria.

Si le interesara la filología podría escribir un diccionario, como
aquel otro Uribe, Uribe Uribe, o traducir la Eneida, como Caro. Si le
gustara la comida, si tuviera sentido del humor, podría al menos
dedicarse a comer, y a contar chistes, como Samper. Pero se sabe que
Uribe ni siquiera entiende los chistes.

Si tuviera buenos amigos, podría viajar contento por cientos de
países, en compañía de otros jubilados jóvenes, como Pastrana. Pero él
no tiene amigos, sino aliados, que más que amarlo le temen.

Entonces, como el ex presidente Uribe sólo tiene el vicio incurable
del poder, la adicción al mando, la costumbre irrefrenable de llevar
siempre las riendas, las espuelas y la fusta, entonces ahí lo
tendremos, vociferando en Twitter, enviando comunicados de muy dudosa
lógica jurídica o política, rojo de indignación, verde de rabia,
enfermo de ira, regañando a los columnistas, insultando a los jueces,
manoteando contra los traidores, aconsejando exilios a sus ex
funcionarios (no para protegerlos sino para que al fin, en la
desesperación de los interrogatorios, no acabe por zafárseles la
verdad).

Porque la verdad monda y lironda es que el DAS dependía y depende de
la Presidencia de la República. Y los del DAS pusieron micrófonos en
la sala de la Corte Suprema, para oír ilegalmente sus deliberaciones.

Si el FBI ola CIA hubieran hecho esto en Estados Unidos, las
consecuencias para el gobierno que hubiera instigado semejante insulto
se oirían durante siglos. No es posible chuzar a la Corte Suprema y
luego pretender que la Corte Suprema se cruce de brazos. Porque
ordenarles a los servicios de inteligencia chuzar a los altos
magistrados y a los principales periodistas y opositores políticos del
país es un delito más grave, muchísimo más grave que el escándalo de
Watergate.

¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de
dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los
periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una
lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre
la pared de la verdad y la espada del miedo.

Uribe y sus aliados son poderosos, pero hoy son los huérfanos y las
viudas del poder. Nosotros, los periodistas, podemos convertirnos en
los altavoces, en los amplificadores de sus rabietas y diatribas, o
simplemente dejarlo que grite y vocifere a solas en su Blackberry.

Tenemos la tentación de seguir en ese ambiente crispado, lleno de
rabia y adrenalina al que nos acostumbró su gobierno... Pero lo más
sensato sería hundir el botón de &#8220mute&#8221 cuando estos
cruzados del odio vociferan,  e insultan. Ya pasamos esa página, ese
trago amargo.

No le demos más prensa ni le prestemos más atención a tanta rabia.
Bajémosle la fiebre a todo esto hundiendo ese pedal que en el piano se
llama sordina. Que grite solo.. Y preguntémonos en silencio,
simplemente, de cuando en cuando, por qué no se callará. Porque eso
sería lo mejor para todos: que se callara.

22 de febrero de 2014

Adiós, don Marcos


Lamentamos la defunción de un prohombre de Lebrija: Don Marcos Mantilla. Los panegíricos sobre él son pálidos ante la riqueza de una vida sencilla y honesta, que llevó con dignidad y buen humor.

Quienes tienen memoria del municipio hablan elogiosa y encomiablemente de este hombre que ayudo a construir nuestro pueblo. Nosotros, los jóvenes, apenas pudimos conocerlo ya en su edad avanzada, y, admirar su don de gentes y recoger las opiniones elogiosas que daban de él nuestros mayores.

Nos duele su muerte y la decadencia de su salud que nos privó de su sabiduría, buen humor y risas amables.


Que Dios lo guarde, y que aprendamos de su vida ejemplar.

14 de febrero de 2014

Nos sentimos orgullosos




Por Koestler


Hmana Aliria Pedraza
Sobradamente podemos estar henchidos de orgullo; del bueno, del que significa avances reales. Y del que comprueba que con trabajo y persistencia se pueden lograr metas valiosas. Y sea esta la oportunidad para reconocer el esfuerzo de la ex rectora del colegio Colmercedes y de otros centros educativos de Lebrija, así como de todo el profesorado de instituciones públicas y privadas por el posicionamiento de Lebrija en el puesto 60, a nivel nacional en logros educativos. Pese a que significa un retroceso en comparación con los resultados del 2011. Pero la tendencia se mantiene, y ello es muy importante.

Igual, que nuestro departamento ocupe el primer lugar nacional. En promedios, Lebrija está ligeramente por encima del departamental. 

Los invito a leer un análisis muy juicioso del historiador y analista colombiano Dr. Jorge Orlando Melo, y a mirar la información estadística en la que sustenta sus afirmaciones.







A usar los datos

Jorge Orlando Melo
 Por Jorge Orlando Melo  

Las pruebas PIRLS 2011 y Pisa 2012 dejaron inquietos a los expertos en educación. A Colombia le fue mal: la mayoría de jóvenes son incapaces de entender lo que leen y de usar bien las matemáticas. No es una buena perspectiva, en una economía mundial basada en la letra y el número, en la capacidad de inventar, leer y calcular.

Esas pruebas internacionales indican qué anda mal. Con base en ellas y en un sólido estudio, un grupo de expertos, convocados por la Fundación Compartir, acaba de proponer las estrategias para lograr la “excelencia educativa”. Conforman un plan integral, centrado en la calidad de la docencia: sugieren atraer a mejores bachilleres a las facultades de educación, formarlos bien, subir los salarios de los maestros, evaluarlos con rigor, mejorar su imagen. La propuesta es coherente y su aplicación cambiaría al país. Pero aun si los problemas políticos y presupuestales impiden llevarla a cabo en su totalidad, la idea central tendría un efecto inmenso. Se trata de dar becas de matrícula y sostenimiento a todos los bachilleres en el 20 por ciento más alto de los exámenes del Icfes que decidan formarse como maestros. Así, serían los mejores bachilleres los que enseñarían a las nuevas generaciones, y no, como ocurre hoy, los de resultados más pobres. Ya el Ministerio de Educación creó en el 2012 este programa, pero hay que fortalecerlo.

Estas pruebas se hacen a unos 10.000 estudiantes y se basan en encuestas entre docentes y alumnos, que dicen a veces más sobre sus deseos que sobre la realidad: en ellas los profesores colombianos aparecen como los más satisfechos del mundo con su profesión y los que más libros leen. Por otra parte, parece que les va mejor a los colegios de la mañana que a los de jornada completa y que tener computadores y maestros con estudios especializados apenas altera los resultados. Tampoco tienen en cuenta el carácter público o privado de los colegios, y usan medidas muy vagas del nivel social de los estudiantes. Por estas limitaciones, debe usarse más la información de los exámenes de Saber 11 que hace el Icfes y que se aplican a todos los bachilleres del país (574.000 en el 2013).

Un matemático colombiano, Javier Moreno, en su página http://finiterank.github.io/saber_notebooks/ ha hecho un análisis de estas cifras, que el Icfes publica en una forma poco usable. Teniendo en cuenta que la responsabilidad directa del Gobierno, de alcaldes y gobernadores está en los colegios públicos, que tienen el 72 por ciento de bachilleres, Moreno calculó los promedios de matemáticas y lectura de los colegios oficiales, para ver dónde están los buenos resultados: allí puede verse cómo les va a cada departamento y a cada municipio.

Uno esperaría que Bogotá, Manizales o Medellín, con colegios mejor dotados y profesores con más títulos, quedaran adelante. Pero no. Sin entrar en análisis complejos, mirando los resultados, hay sorpresas:

Los mejores departamentos son Santander, Boyacá y Norte de Santander. Cundinamarca quedó de 10.ª; Antioquia, de 11.ª, y Valle, de 14.ª; Meta y Huila están por encima de ellos. Y de los 25 municipios con mejores puntajes, 12 son de Boyacá, 7 de Santander y 4 de Nariño. Los dos primeros son La Unión, en Nariño, y Santa María, en Boyacá: deberían estar celebrando. Bucaramanga está entre los 10 primeros, y Tunja, Pasto y Villavicencio siguen, mientras que Medellín, Manizales y Cali quedan más atrás, aunque por delante de todas las capitales costeñas.

Pero lo esencial es que el trabajo de Moreno muestra cómo estos datos, a los que ni las universidades ni las autoridades paran muchas bolas, podrían convertirse en herramienta central de todo diagnóstico, de toda discusión sobre la educación. Sin buena información, manejable y abierta, no puede haber ningún avance.

www.jorgeorlandomelo.com

Jorge Orlando Melo
 





Tomado de Eltiempo.com