23 de junio de 2013

¿Será realmente un Papa que valga la pena?

Aunque no somos come curas, tampoco los alabamos porque sí. Pero el Papa Francisco empieza a despertar en nosotros un sentimiento de interés y respeto. Esperamos no equivocarnos.            


22 junio 2013

¿Volveremos al espíritu de los curas obreros?

Por León Valencia

El papa Francisco podría devolverle a la Iglesia ese espíritu que animó a parte del clero en los años sesenta y setenta.

¿Volveremos al espíritu de los curas obreros?.


Estaba con unos amigos del País Vasco, en Vitoria, el día siguiente de la entrevista entre el presidente Nicolás Maduro y el papa Francisco. Les llamó la atención la insistencia del papa en la paz de Colombia. Hablaban con entusiasmo de la preocupación del pontífice por América Latina y de su c
ompromiso con los pobres. No me parecía normal esta admiración 

en unos prestigiosos historiadores especialmente críticos de la Iglesia. En esa misma conversación habían hecho un largo recuento del ominoso papel del clero en las guerras de España. Habían hablado de las inconsistencias del credo moralista que ilumina el discurso de los papas. 

Pero muy pronto entendí cuál era el rasgo del papa que los seducía. Alfonso de Otazu –quien junto a José Ramón Díaz escribió El espíritu emprendedor de los vascos, un largo libro que empieza por aclarar el origen vasco de los antioqueños– habló de la empatía de su tío jesuita con los curas obreros y describió la situación de pobreza y de completa entrega a los pobres en que vivían estos sacerdotes. Dijo que quizás este papa podría devolverle a la Iglesia ese espíritu, ese apostolado, que animó la vida de una parte del clero en los años sesenta y setenta del siglo pasado.

Me llegó al alma esta conversación porque fueron sacerdotes de esta estirpe los que definieron mi vida en los años setenta. Fueron 11 los curas que llegaron a mi región, el suroeste de Antioquia, con el juramento de servir a los campesinos y a los indígenas en la reivindicación de sus derechos, en la conquista de la dignidad, muchas veces pisoteada por la grave injusticia social que reinaba en la zona. 

No era un compromiso inocente. Muy pronto supimos que su inspiración venía de la Teología de la Liberación y de las enseñanzas que había dejado la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Medellín en el año 1968. Allí la Iglesia del continente anunció su opción por los pobres, allí la vieja Iglesia católica supo que no escaparía a las grandes tormentas políticas que se avizoraban en una región que estaba buscando su destino en el mundo. 

Pero con el tiempo comprendí que ese rasgo político, ese enunciado de rebeldía, no era la característica principal de aquellos sacerdotes entrañables. La pasión que dominaba su corazón, era más pura, más profundamente humana. Querían servir a los pobres, querían parecerse a ellos, querían vivir y sufrir sus angustias. Me conmovieron. Me sacudieron. Trastornaron mi vida. No fui el único. No menos de mil jóvenes quisimos acompañarlos. 

Empezamos por utilizar los ratos libres del colegio para ir al campo a enseñarles a leer y a escribir a los campesinos y a los indígenas, para ayudarles a formar organizaciones sociales, para engrosar sus protestas contra los abusos de las autoridades y los latifundistas. Después, muchos tomamos la decisión de ir al campo a vivir con ellos de tiempo completo, tal como lo estaban haciendo los sacerdotes y las monjas y los laicos que llegaban de Medellín a proclamar este nuevo evangelio. 
Algunas de las actitudes del papa Francisco en estos meses de su pontificado me recuerdan a los curas de mi primera juventud ¡Ojalá que persista en esa vocación! Forjar una Iglesia humilde. 

Forjar una Iglesia misionera en el siglo XXI, cuando millones de personas en Asia, África y América Latina necesitan explicación de la exclusión, auxilio en las hambrunas, acompañamiento en la indignación. Esa decisión sublime de estar con los necesitados, con los que sufren, con los que son pisoteados en su dignidad. 

La Iglesia colombiana necesita más que nunca el espíritu de los curas obreros, la actitud de aquellos sacerdotes de mi juventud, el compromiso social que hoy asume una legión de sacerdotes en apartados lugares de la geografía nacional; para encabezar la tarea de reparar a las víctimas, para ayudar a reconstruir el país desde abajo, para contribuir decididamente a la reconciliación de los colombianos, para doblar la página de la violencia. Esa noble tarea. Esa generosa tarea. 

No la censura moralista, no la censura discriminatoria contra grupos humanos que claman ahora por la igualdad de derechos y por el reconocimiento social. La actitud de Francisco, que tenía en sus labios la pregunta por la paz de Colombia, cuando todo el mundo esperaba alguna participación en la controversia venezolana. 

Tomado de Semana.com 

21 de junio de 2013

¿Narciso yo? ¡Narcisa Natalia París!




Uribe: ¿narcisista, egocéntrico,
megalomano y resentido?



Para el médico y siquiatra Daniel Gutiérrez, director del Centro Integral de Atención en Salud Mental, el exmandatario de los colombianos Álvaro Uribe Vélez presenta una serie de actitudes y comportamientos que permiten catalogarlo como un ser narcisista, egocéntrico, megalómano y resentido.
Por haber opinado lo mismo, sin ser siquiatra ni nada por el estilo, en más de una ocasión estuvieron a punto de lincharme. Y es que, en verdad, las actitudes publicas de Álvaro Uribe han dado permanentes muestras de un estado mental alterado y afectado. Con el agravante de poseer una personalidad magnética que impide a sus seguidores un análisis serio y concienzudo de sus verdaderas intenciones. Por venir de quien viene, hagamos, a nuestra manera, un examen de cada una de sus apreciaciones.
Narcisista es, según definiciones siquiátricas, “un rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás.
En la "DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, cuarta edición) existe un subapartado dentro de los trastornos de personalidad denominado Trastorno narcisista de la personalidad, (NPD), entendiéndose tal como una disfunción grave de personalidad”. Dirán los lectores si Uribe es narcisista o no al sentirse el elegido o el mesías de Colombia, pues según sus apreciaciones, solo él puede sacar a Colombia del atolladero en que se encuentra. Sin Uribe nada, con Uribe todo. Ni Santos, ni Mockus, ni Petro, nadie solo él es el camino, la salvación y la vida.

Egocéntrico. Para este mesías el mundo gira en torno a él. Nada puede moverse sin su consentimiento, sin su apreciación sagrada que todo lo puede y todo lo debe. “En psicología, egocentrismo es la característica que define a una persona que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás. Parte de la hegemonía de sus pensamientos por sobre los otros, lo que él piensa, opina, decide, cree y razona es primero y más importante que el resto, el mundo gira alrededor de su individualidad y lo que no se ajusta a él es rechazado desvalorado por su opinión...”. Toda opinión es rechazada, toda idea censurada, toda disensión castigada; únicamente sus opiniones son validas en Colombia. Solo sus tesis económicas, militares y sociales son validas. Nada más importante que sus palabras y sus pensamientos.

Megalómano. La megalomanía “es un estado psicopatológico caracterizado por los delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia. A menudo el término se asocia a una obsesión compulsiva por tener el control. La palabra deriva de dos raíces griegas, manía (obsesión) y megas (grande). A veces es un síntoma de desórdenes psicológicos como el complejo de superioridad o la compulsión eufórica, donde el sujeto aquejado de esta perturbación tiende a ver situaciones que no existen, o a imaginarlas de una forma tal que sólo él termina creyendo”.
Para Uribe tener el control es una obsesión que impide que el actuar y el pensar de otros colombianos pueda ser tenido en cuenta.
La cristalización de su obra se derrumbó por una Corte que no entendió su vocación salvadora y justiciera. Con más tiempo, según él, habría acabado con todos los males que nos aquejan. Lo grave es que este síntoma se transpoló a sus seguidores, pues todos veían lo que su amo y patrón querían que vea, o, mejor, lo que el veía y que todos debían también ver.
Resentido: Que no perdona, que no olvida, que se interpone ciegamente entre quienes considera que traicionaron sus pensamientos y olvidaron su ideología. Un trastorno psicológico que impide reconocer los aciertos de los demás. Que lo diga Santos y muchos de sus exseguidores.
Síntomas, trastornos y patologías que afectan a quienes ven a Uribe como una figura mesiánica y redentora. Que nos diga el siquiatra Gutiérrez qué enfermedad es esa que hace que muchos colombianos viendo lo que ven, únicamente miran lo que quieren.
Tomado de Soyperiodista.com

9 de junio de 2013

Las desigualdades y el modelo económico

Por: Eduardo Sarmiento

En días pasados se divulgaron las cifras de la encuesta de hogares. En los últimos dos años la pobreza se redujo y la distribución del ingreso no varió significativamente.


La disminución de la pobreza proviene de los cambios metodológicos y de la elevación del ingreso per cápita. Este es un resultado mundial que resulta de la mayor interacción entre las economías y el sector social. En todas partes, la elevación del ingreso per cápita trae consigo una reducción de la pobreza, pero el ingreso de los pobres sube en menor proporción. Por su parte, los logros en la distribución del ingreso son precarios. El coeficiente de Gini luego de haber aumentado 10 puntos en la década del noventa se ha mantenido cerca de 0.55, colocando al país entre las siete naciones más inequitativas. Los resultados en cierta manera revelan los alcances limitados del asistencialismo. Si bien alivia la pobreza, no mejora la posición relativa de los pobres. 
Los esfuerzos oficiales han estado más orientados a mejorar las cifras que a lograr resultados estructurales. Las políticas dominantes tienden a ampliarla. Los salarios suben menos que la productividad, la carga tributaria del trabajo aumenta con respecto a la del capital y el crecimiento está sesgado en favor de la minería, el sector más intensivo en capital. Las tasas de interés del crédito se establecen muy por encima de la de los depósitos y se tolera todo tipo de posiciones dominantes en el sector público y privado. Para completar, el gasto público se encuentra altamente concentrado en el gobierno central que es mucho menos progresivo que el regional; en los últimos años las transferencias de salud y educación bajan en términos del PIB y la parte que llega al 50% más pobre no corresponde ni a ese porcentaje. 
Infortunadamente, las teorías de la distribución del ingreso están basadas en concepciones que han sido controvertidas por los hechos. Se considera que las iniquidades son independientes de la estructura económica y, en cualquier caso, se pueden corregir con simples transferencias fiscales. Así, Colombia se comprometió en las reformas del libre mercado sin advertir que le significaría un deterioro de diez puntos en el coeficiente Gini, y ahora pretende revertir el daño con el mismo modelo que lo causó. 
Los pensadores económicos están en mora de avanzar en una descripción comprensiva y representativa de la realidad. La distribución no es un juego de suerte en que ganan los que más contribuyen a la sociedad. Se trata, más bien, de una confrontación en la cual tienen clara ventaja quienes exhiben las mejores condiciones iniciales de capital y educación y disponen de las oportunidades para apropiarse de las rentas monopólicas de los mercados, incluso lesionando a las mayorías. Igualmente anómalos son los efectos del perfil del crecimiento económico y el comercio internacional sobre el mercado laboral. Ambos factores contribuyeron a colocar el salario por debajo de la productividad y a reducir la participación del trabajo en el PIB y, lo peor, incrementar la dispersión.
La mejoría de la distribución del ingreso requiere reformas en el sector educativo, el sistema fiscal y la regulación de los mercados. Pero lo que se haga en estas áreas puede ser infructuoso mientras se mantenga el modelo actual que resulta en una participación del 50% más pobre de 15%. La condición necesaria para reducir en forma considerable los índices de desigualdad es la construcción de un modelo que la eleve a 25% en un plazo corto, cambiando las prioridades sectoriales, interviniendo el mercado laboral y elevando los gravámenes al capital.

12 de mayo de 2013

Milagros turísticos




Por Antonio Caballero


OPINIÓNAntes que religiosa la celebración es patriotera. Lo que cuenta no es que la madre Laura sea santa, sino que es colombiana.

Milagros turísticos.
Foto: León Darío Peláez / Semana
Hoy domingo el papa Francisco oficia en Roma la solemne ceremonia de la canonización de la madre Laura Montoya, y en la prensa nacional se ha desatado un fervor patriótico fuera de toda proporción. La primera santa jericoana, la primera santa antioqueña, la primera santa colombiana: ¡qué orgull
o para nuestro país! Viaja a Roma a asistir a la ceremonia el presidente de la República, acompañado por una nutrida comitiva. 

Se publican folletos, se fabrican carrieles, se venden estampitas piadosas con la imagen de la nueva santa. Y me parece a mí que no es para tanto. No son para tanto, para empezar, los milagros de la madre Laura. 

Entre las ‘curiosidades’ que enumera uno de los folletos dedicados a ella encuentro, por ejemplo, que una vez “estuvo a punto de ser apuñalada y se salvó ingresando por un portal abierto”. Milagro hubiera sido si dicho portal hubiera estado cerrado. Y en cuanto a los dos que por lo visto requieren los procesos de beatificación y canonización de una persona por parte de la Iglesia de Roma, los cumplidos por la madre son más bien rutinarios en el campo de la medicina. El primero fue la curación de un cáncer uterino, aceptada por Juan Pablo II en 2004. 

Y el segundo, al que le dio su visto bueno Benedicto XVI en 2012, tampoco parece cosa del otro mundo, aunque suene más complicado: la sanación de “una enfermedad indiferenciada del tejido conectivo traducida en artritis reumatoidea que se convirtió en lupus y posteriormente en polimiositis refractaria”. El paciente había sido desahuciado por los médicos, pero por intercesión de la madre Laura se curó, informa la prensa, “sin ninguna razón científica, como lo avaló el Vaticano”. Nada hay menos científico que el Vaticano, por supuesto; pero en asuntos de santidad cristiana ese es el aval que sirve.

Sin embargo lo propio de los santos no es únicamente hacer milagros, aunque los haya habido muy notables en el curso de la larga historia del cristianismo. La obra de la madre Laura Montoya, recia buena moza antioqueña, fue más pegada a la tierra. Dedicó su vida a la evangelización de los indios salvajes. Como ya no quedaban en su Jericó natal, donde los antiguos quimbayas habían sido por completo exterminados o por lo menos catequizados, se fue a buscarlos a las selvas del Urabá antioqueño, todavía inexploradas en ese entonces (primeros años del siglo XX). Luego incursionó en los Santanderes. Y hoy la orden de monjas doctrineras que fundó se expande por veinte países, en América, Europa y África. Admirable, sin duda. 

Pero desde un punto de vista laico cabe preguntarse si esa obra de la madre Laura y sus ‘lauritas’ que consiste en convencer a los infieles de que abracen la fe cristiana es verdaderamente una buena obra. O si no se trata más bien de una intrusión indebida y tal vez condenable –y sin duda condenada por cualquier antropólogo– en culturas ajenas que tienen derecho a ser respetadas. 

Se supone que Colombia es un país laico: y es precisamente en torno a ese principio que se ha dado la discusión sobre si las convicciones religiosas del procurador general deben o no interferir en sus pronunciamientos jurídicos. No parece coherente entonces que el presidente (acompañado entre otros por ese mismo procurador) viaje oficialmente a tomar parte en una celebración estrictamente religiosa. 

Pero es que, como dije al principio de esta nota, antes que religiosa la celebración es patriotera. Lo que cuenta no es que la madre Laura sea o no santa, sino que es colombiana. Y por eso, como subproducto de esa visión patriotera, más que las virtudes cristianas de la madre, importan los efectos prácticos que pueda tener su canonización sobre la industria del turismo local de Jericó: en la afluencia de peregrinos y la venta de estampas y llaveros y camándulas y estatuillas de pasta y carrieles de piel con la efigie robusta de la nueva santa. 

Y no creo que haya que hacerse demasiadas ilusiones al respecto: la casa natal de la madre no va a tener para el suroeste antioqueño el mismo poder de imán que tiene la gruta de Lourdes para el suroeste francés, para poner un ejemplo. Recuerdo las grandes esperanzas de esta misma índole turística que se despertaron hace unos años cuando se inauguró la estatua del Pibe Valderrama en su Santa Marta natal: en contra de lo previsto, la ocupación hotelera no creció.

Tomado de: Semana.com

15 de abril de 2013

Venezuela, entre la esquizofrenia y la oligofrenia….


Por   Acidonitrix





Finalizaron las elecciones en Venezuela. Pero aún tendremos unos días más de espectáculo, en el cual veremos, inevitablemente, un candidato esquizofrénico, con mirada perdida, furibunda, que se sentía presidente, y otro, de apariencia oligofrénica, de rostro abotagado, mirada abúlica, desorientada, que, por lo pronto, es el presidente electo.

Pero, indudablemente, los dos candidatos no son sino la expresión de lo mismo: cualquiera que ganara significaba lo peor que le podía suceder a la hermana república bolivariana. El orate hubiera llegado a desregularizar la economía, a privatizar los recursos petroleros y a eliminar los alcances sociales del chavismo, con una muy posible situación de violencia urbana y rural, para recuperación de predios, que nos llevarían a revivir los más terribles momentos del paramilitarismo en Colombia. El bobo, en cambio, seguirá con lo mismo, pero sin energía, paralizado por los ataques venáticos de la oposición y la codicia sin límites de los corruptos e ineptos que se colaron al chavismo.

Pobre Venezuela.

7 de abril de 2013

Siquiera se va la hermana Aliria….







Por Koestler



Ya no tendremos que soportar más la voz cansina y reiterativa de la hermana Aliria Pedraza exigiendo a estudiantes, profesores y padres de familia un mejor rendimiento académico, mayor calidad pedagógica y más compromiso con los hijos…
Aliria Pedraza, rectora Colmercedes

Siquiera se va la hermana Aliria: nuestra conciencia estará tranquila. ¿Para qué afanarse por calidad educativa, si dan más éxitos ser traficante, contratista, emisario de políticos, ladrón, atracador?

Cuando ella se vaya… sí, cuando se pensione y se retire, quedarán los profesores que necesitamos, los que aprueban a los estudiantes en matemáticas luego de duras búsquedas de dinero para pagar su nota; los que se hacen de la vista gorda con los problemas. Los que no les exigen esfuerzos…

¡Que viva la ignorancia! ¡Que viva la mediocridad!

Lebrija no necesita educación. Lo que necesitamos es ignorancia. 

Siquiera se va la hermana Aliria. No cabe en nuestro ambiente pestilente…

Queremos que se vaya, ¡que se vaya aunque le vaya bien!

No tendrá que ver cómo nos hundiremos gozosos en un pozo de mediocridad, de felonías, de inmoralidad.



1 de abril de 2013

¿Víctima o victimario? Otra cara del conflicto en Colombia

NOTA: La PAZ exige un reconocimiento de la verdad. Es indudable que el largo peregrinaje de la guerra ha descompuesto a todos los participantes en ella, pues prima el odio sobre la razón o los principios. Además existen muchos intereses alrededor de la guerra, todos monetarios, en un conflicto que beneficia a muy pocos, todos comerciantes de armas y promotores del odio. 

Estos intereses unen, hoy por hoy a los promotores políticos que "trinan" a diario su odio y a los narcotraficantes que saben que un ambiente de paz es un obstáculo a su negociado infame.

Los dos artículos que hemos transcrito son un ejemplo de la degradación moral de las FARC, similar a la de los paramilitares y sectores de las fuerzas armadas. ¿No es acaso la hora de la PAZ? Al menos la de las armas, ya que la social va a requerir otro manejo.

TOMADO DE semana.com


31 marzo 2013

Por Francisco Manrique


TESTIMONIOMarta, una niña secuestrada por las FARC y que hoy tiene 27 años, narra el episodio más difícil de su vida. Parte II.

¿Víctima o victimario? Otra cara del conflicto en Colombia. Esta fotografía fue tomada en Los Pozos, Caquetá, en el 2002, pero la niña que allí aparece no es Marta.
Autor: León Darío Peláez / SEMANA
Esta fotografía fue tomada en Los Pozos, Caquetá, en el 2002, pero la niña que allí aparece no es Marta.
En mi blog anterior comencé a compartir con mis lectores el testimonio de Marta, quien por más de once años estuvo en la guerrilla de las FARC. Cuando apenas era una niña de 11 años fue raptada de manera violenta por este grupo criminal, para engrosar las filas con más de 350 personas como ella, bajo el pretexto de que eran los aportes que deberían dar las familias para apoyar a la revolución. (Lea la primera parte)
Esta degradación del conflicto ha causado un daño muy grande. A personas como Marta se les privó de la niñez y de su juventud, se les lavó el cerebro y se les enseñó a matar. Son miles de familias que perdieron sus hijos de esta manera y su efecto es irreparable. Pero igualmente grave es el atropello al que han sido sometidas miles de mujeres, quienes como Marta, han visto pisoteada su dignidad. Este es uno de los temas más difíciles, sobre el que, al igual que los paramilitares, las FARC van a tener que pedir perdón a la sociedad colombiana.
Así continúa el relato de Marta...
"El proceso de adoctrinamiento en la guerrilla es muy duro. Usan películas como Voces inocentes para grabar en la mente de los niños que un soldado es su enemigo. Por esta razón, cuando a uno lo envían al combate, lo hacen con una sonrisa, como si todos nos fuéramos a un juego de párvulos. Pero muy pronto aprendí cuál era la diferencia: en este juego uno podía realmente perder su vida".
"Hubo un episodio que me tocó vivir a los pocos meses de llegada y que no puedo olvidar. Un día nos enviaron a una misión en la que nos vimos atacados por 13 helicópteros y tres aviones Kafir de la FAC. Usted no se imagina lo que es correr perseguido por las balas. Ese día comprendí que el tema era en serio y que en este juego, repito, nos estábamos exponiendo a perder la vida".
"Estar mirando en un minuto a su compañero, a los ojos llenos de terror, y al minuto siguiente, verlo tirado muerto por una explosión, o un disparo, es una experiencia que no se puede olvidar y lo marca a uno para siempre. Por esta razón,  ese día lo llevo gravado en mi memoria. Tampoco puedo olvidar, que en ese combate, murieron 15 de mis compañeros con edades similares a la mía".
"Para conocer como son las FARC, después de once años de haber vivido en ellas, se necesita pasar por experiencias muy dolorosas. Una vez se corrió la voz de que en una cooperativa cercana había delatores que estaban con el Ejército. Me llevaron con un grupo a realizar una acción ejemplarizante. Teníamos la información de que los niños y los jóvenes de la zona eran colaboradores, y por lo tanto, ellos tenían que pagar por haber ayudado al enemigo".
"El resultado fue aterrador: 150 personas pagaron con sus vidas, la mayoría de ellos eran personas de mi edad. Lo más impresionante es que esta matanza atroz no se conoció en el país. Yo me pregunto: ¿cuántas miles de personas como ellos han desaparecido, y de los cuales no se volvió a saber? ¿Dónde estaban los medios de comunicación y el Estado? Me acuerdo que por experiencias como estas, cuando yo ya tenía trece años, le pedía a mi Dios que me muriera".
"Pero las FARC, al igual que los paramilitares, sabían que estas acciones tenían un propósito: infundir terror. Y es que mediante estos métodos violentos se doblega a la población, se compra su obediencia y su silencio. Por esta razón, los campesinos de la zona donde yo estaba vivían en estado de permanente inseguridad".
"Sobrevivir en este ambiente requiere que uno use la astucia rápidamente. Por esta razón, entendí que la manera de sobresalir era aprendiendo sobre las FARC".
"Comencé a leer mucho sobre ellas: el reglamento de las FARC, los diez puntos de la plataforma, etc. Quería saber de dónde venían y para dónde iban. Por esta razón, me gané la confianza de mis superiores y  logré que me metieran a ser locutora en Voz de la resistencia. Aprendí a comunicar, porque tenía un espacio cultural en el que se buscaba que las tropas aprendieran de personajes históricos de Cuba, Venezuela, y en general, todo lo que tenía relación con la revolución".
"La rutina en los campamentos era siempre la misma. La hora de levantarse era a las 4:45 a. m., se recogían las pertenencias y se formaba a las 5:00 a. m. A las 5:30 a. m. se tomaba tinto y después se hacía ejercicio. Más adelante se leía el orden del día: hacer la rancha, corte de leña, etc. Después venía el almuerzo, y por la tarde a las mujeres nos  hacían quitar la ropa para llevarnos a la arena ardiente por el sol, para arrastrarnos por el suelo. De estos ejercicios siempre salíamos heridas hasta que al final uno aprendía a insensibilizarse y aceptar. Los domingos, desde las 7:00 a. m. a las 8:00 a. m., era la única hora en la semana cuando nos permitían alguna diversión".
"Hay algo que siempre me llamaba la atención. Cuando alguien desertaba, las FARC enviaban a los campesinos, a quienes ya tenían concientizados, a buscar al prófugo para luego someterlo a un consejo de guerra, y posteriormente lo llevaban a su ejecución".
"En el sur de Bolívar hay un sitio que se llama Puente de Piedra. En esa zona las FARC tenían un criadero de caimanes. Era el lugar ideal para deshacerse de sus enemigos o de los traidores a su causa. Los botaban al agua para que estos animales se encargaran de ellos sin dejar trazo alguno".
"Otra cosa que sorprende es que muchos son los niños que los propios campesinos entregan a las FARC porque no quieren asumir la responsabilidad de su formación. Recuerdo uno de estos casos... Era un niño que tenía escasos ocho años. Cuando conversaba con él me confesaba su odio a la guerrilla, y me decía que cuando tuviera la oportunidad iba a regresar con una motosierra para acabar con todos. Años después, formó parte de los grupos paramilitares que combatían en la zona del sur de Bolívar".
"Ahora que se habla del tema de tierras en el proceso de paz, les cuento que las FARC si tenían fincas en la zona donde yo estaba. En ellas se sembraba coca y alimentos. Las FARC se aprovechan de que los campesinos no pueden comercializar, y por ello, se dedican a los cultivos ilegales. Lo primero les da mucho dinero. Lo segundo, es una medida preventiva para garantizar que el Ejército no los vaya a dejar cortados de aprovisionamiento para mantener las tropas".
"Estando en la guerrilla, alguien me llevó el mensaje de que mi hermano, quien era discapacitado, había muerto. Un grupo de paramilitares lo habían querido obligar a dejar a mi mamá y a mis hijos. Él se negó, lo golpearon y le metieron tres tiros, después lo botaron en nuestra casa, enfrente de todos. Fue mucha la rabia que me dio".
"A pesar de la violencia a la que fui sometida, y al odio que sentía por los hombres, tuve un amigo que me consentía y me prestaba de vez en cuando su hombro para llorar. Yo me enamoré de él. Los dos habíamos sido compañeros en la escuela y nos acercamos mucho, él posteriormente logró desertar. Me lo encontré más tarde, cuando yo ya había logrado salirme de las FARC. Para ese entonces, nuestra relación se había terminado, pero yo aún le guardo un gran cariño porque fue la única persona que cuidó de mí".
"La desigualdad entre los cabecillas y la tropa es muy notoria. Mientras a nosotros nos ponían a comer yuca por semanas, a ellos les daban buena comida todos los días. Como ya saben, los jefes grandes estaban al otro lado de la frontera con Venezuela o Ecuador. Allá llevaban una vida de reyes mientras uno exponía su vida todos los días. Esto genera mucho resentimiento en la base".
"La vida en las FARC es muy dura y a uno lo someten a muchísimos abusos y humillaciones. Por esta razón, yo estoy segura de que si a uno le dan la oportunidad de escoger entre ir a trillar monte, o regresar a su familias, sin pensarlo dos veces, mis excompañeros dejarían las armas para escoger la segunda opción".
"Una vida tan difícil lo hace a uno madurar como mujer a pesar de ser todavía una niña. Uno se endurece y se aprende a defender. Por esa razón, cuando tenía 22 años, y ya con mando, un día me fui a un caño a lavarme el cuerpo. Uno de los jefes se acercó, y creyendo que yo no lo había oído, trató de nuevo de abusar de mí. Yo tenía mi pistola a la mano, debajo de mi ropa, cuando este hombre me atacó, yo saqué el arma y le di un balazo en una pierna. Él sabía que su acto le podía acarrear problemas y trató de guardar silencio con relación al episodio. Sin embargo,  después del incidente, tomé la decisión de volarme inmediatamente porque sabía que no iba a salir viva de un cuarto consejo de guerra".
"Por la noche, estando de guardia, convencí a un muchachito de 13 años , para que nos escapáramos. Cogimos municiones, alimentos y un dinero, y emprendimos nuestra marcha en plena oscuridad. Por estar muy nerviosa, me equivoqué muchas veces de camino, a pesar de que yo conocía muy bien la zona. Como lo había previsto, mandaron gente a buscarnos, e inclusive me tocó enfrentar a tiros a una cuadrilla que casi nos alcanza".
"Finalmente, después de habernos llevado una chalupa y habernos escondido en la rivera de un afluente del Magdalena, logramos evadir el cerco y llegar a un punto donde nos recibieron unos paramilitares. Corrimos durante muchos días para recobrar la libertad. Al principio pensamos que nos iban a matar, pero nos felicitaron por la determinación de desertar".
"Después de unos meses, tomé la decisión de entregarme al Ejército con quien había sido mi compañero sentimental. No pude regresar a mi ciudad de origen porque sabía que allí me mandarían a matar. Cuando deserté de las FARC, mi madre murió a los pocos días después de que yo la volví a encontrar. Al principio no me reconoció, pero en la última semana antes de morir,  recobró de nuevo sus facultades mentales y esa fue la última  imagen que conservo de ella".
" Con las FARC perdí mi niñez, mi juventud, mi hermano y a mi mamá. Durante once años, sólo un día el Estado trató de rescatarme. Llegaron muy cerca de donde estábamos, con más de 350 niños secuestrados, pero faltando metros para llegar, desistieron en el último momento".
"Yo podría odiar a todos por lo que me pasó. Sin embargo, hoy he pasado la página de ese capítulo de mi vida y estoy ayudando a ese mismo Estado que se olvidó de mí. Es necesario que este pueda corregir su camino de manera que, a otros niños y jóvenes como yo, nunca más les toque vivir una experiencia similar a la mía".
"Hoy puedo decir sin dolor que, esos once años tan duros, me hicieron ver la vida diferente. Yo hubiera podido salir, y convertirme en una sicaria dura, ya que me había formado para ser parte del cuerpo de Fuerzas Especiales de las FARC. El rencor de esa experiencia y el entrenamiento que tuve daban para que yo siguiera por ese camino. Sin embargo, yo tenía dos hijos por los cuales luchar y hoy me siento orgullosa de haber logrado no caer en la ruta equivocada, que había sido la de menor esfuerzo. No es fácil haber resistido esa tentación y por eso me siento muy orgullosa"
La sociedad colombiana no ha aprendido a perdonar. A una desmovilizada, como es mi caso, se le ve con mucha sospecha, e inclusive, con mucho miedo. Se parte de la premisa de que uno no puede cambiar. Pero hoy me siento bien al demostrar que, teniendo la fuerza y la voluntad, sí pude superar la pesadilla que fue mi vida pasada".
"¿Qué aprendí?...Bueno, después de haber llevado una vida como la que he compartido, muchas son las lecciones que uno se lleva. Aprendí a superar la rabia que me invadió por muchos años. Pero tal vez lo más relevante fue darle mucha importancia a lo que uno tiene. También, aprendí que no se debe juzgar o señalar, lo importante es aportar, creer y  soñar".
"Igualmente aprendí a hacerme muchas preguntas muy críticas sobre todo el proceso".
"Le cuento que conociendo a las FARC por dentro, no creo en la negociación de paz en la Habana, pero también rechazo el reclutamiento forzado de menores, como fue mi caso. Sin embargo, me pregunto: ¿cuántos más niños y jóvenes tienen que morir para tener la paz en Colombia? Comprendo que el éxito del proceso se logrará sólo si las partes entienden que en la negociación siempre habrá algo que sacrificar".
Otra pregunta que me surge: ¿Cómo confiar en un Estado que también ha sido cómplice de la violencia?¿Dónde estuvo el Estado cuando me secuestraron? ¿Qué estoy haciendo yo para ser parte de la solución?Como respuesta a esa última pregunta, estoy ayudando al Estado a comprender lo que está pasando desde la perspectiva de quien vivió y padeció a las FARC desde sus entrañas. Hoy creo en el Estado que me falló cuando era pequeña... No hay otra opción si queremos salir de esta vorágine en la que hemos estado tantos años".
Y para terminar este testimonio, Marta nos regaló una reflexión final: "El cambio lo hacemos si lo decidimos, tenemos que llegar con proyectos a las comunidades y no tirando piedra, escondidos detrás de unas capuchas...".
La entrevista de El Espectador en esta semana, hecha a la holandesa, convertida en guerrillera y vocera de las FARC, me indignó por su falta de solidaridad con su género. Reconoce que hay mucho machismo en este grupo guerrillero, pero desconoce la violencia que se ejerce sobre la mujer.
También, como ya es usual en este grupo guerrillero, brilla por su ausencia, la capacidad auto crítica para reconocer las barbaries cometidas contra los niños y la población en general. No han entendido que la reconciliación pasa por pedir perdón y reconocer sus errores. El ejemplo de Sur África muestra que esta es una condición fundamental para pasar este capítulo sangriento de nuestra historia.
Un comentario final. La Agencia Nacional para la Reinserción tiene hoy en día un proceso que dura siete años, para ayudar a 33.000 desmovilizados de las FARC, el ELN y los paramilitares. Este esfuerzo muy grande del Estado vale la pena conocerlo porque va a ser crítico para lo que sigue, con o sin acuerdo en el proceso de paz.
Termino con una pregunta este segundo blog sobre un testimonio que a mí me llegó muy hondo: ¿Marta es una víctima o una victimaria? En esta sangrienta estupidez en la que hemos vivido los colombianos por tantos años, hay que aceptar que existen otras visiones del problema que tenemos que aprender a entender, para poder perdonar.
El proceso de paz en Colombia va a comenzar sólo cuando aprendamos a conjugar el verbo perdonar, y para que esto sea una realidad, se va necesitar muchísima pedagogía social. Lamentablemente, este es el gran vacío del proceso actual, el cual debe corregir el Gobierno si, al final del año, no se quiere quedar sin respaldo.