15 de marzo de 2008

Que viva la muerte...

Por Koestler

No me refiero claro está al del cine. Tampoco al que se presenta a diario en la televisión. Obvio, me refiero al que nos presentan las noticias sobre el conflicto interno nacional. Ese conflicto que no existe, porque así lo decretó el gobierno de turno. Pero los muertos sí aparecen, presentados con gran lujo de detalles al entusiasmado público colombiano.

Ya en este país nos olvidamos del origen del, perdón por tanta terquedad, conflicto interno: social, político, ideológico, cultural. Uy, se me olvidaba uno que ahora es muy importante: el narcotráfico. Colombia supuestamente es el único país del mundo donde se desarrolla una guerra sin causas internas.

En el paroxismo que produce este juego de muerte, desde la galería aplauden unos u otros con frenesí, según vaya ganando el de su predilección. O se desgañitan y maldicen cuando el contrario les propina algún golpe. Insano ejercicio de catarsis social en el cual se muestran —algo hay de positivo— los verdaderos sentimientos de las personas. Por ejemplo, los medios han aplaudido la muerte de Raúl Reyes y otros 18 guerrilleros, y la mayoría de los colombianos igualmente la agresión internacional contra el Ecuador. En el arrebato que el espectáculo de sangre suscita, la iglesia católica ha terciado estimulando la violencia. En vez de llamar a la cordura, por ejemplo, estimulaban las acciones guerreristas contra Venezuela, pintorescamente dirigida por su “comandante” Chávez.

Para no ir muy lejos en el tema, un sacerdote columnista del tiempo, el señor Alfonso Llanos, escribió que le daba alegría ver el cadáver de Raúl Reyes, saber que había muerto el causante de tanto daño a nuestro país. Después, nuestros mandos castrenses y los medios de “incomunicación” aplauden la supuesta acción independiente de un guerrillero que traiciona a su jefe y lo asesina cuando está dormido —al igual que a su compañera— y presenta su trofeo de guerra: una mano para comprobar su acción. Perdón, para cobrar por su acción.

Resulta ahora que el homicidio de Iván Ramírez fue orquestado por el ejército con la promesa del pago de cinco mil millones de pesos. Al igual que la muerte de Raúl Reyes, y de otro más, y quien sabe que más bajas permanecen ocultas pero que fueron pagadas. La verdad empieza a salir, a la par que la hipocresía del establecimiento. El fiscal general aplaude el sicariato promovido por el Estado. Igual lo hacen muchos otros representantes del establecimiento.

Sólo que falta un poco de coherencia. Porque se desgarran las vestiduras cuando los otros asesinos —los de las FARC (EP) o el ELN, claro está— dan de baja a elementos del ejército o de sus apoyos. Mala cosa, porque se trata de aplaudir el arte de asesinar. Por el cual se dan muy altas sumas de dinero. Al fin y al cabo, al parecer, se trata de un lindo espectáculo para la galería, edificante para nuestros niños y nuestra juventud. ¿Acaso no lo creen así nuestros amos y señores....?

¿Aplaudirán igualmente cuando los del otro bando (ahí si considerados unos criminales) paguen por las cabezas de algunos de los jefes contrarios? No olvidemos que “con la vara que midiereis seréis medidos.”

Pero en algo si estamos de acuerdo: matar sí paga. Y paga bien. ¡Que viva el crimen!

Fotos: http://fismat.umich.mx/%7Ecanelax/mue.jpg

http://supersnack.files.wordpress.com/2007/05/tordellego_optimizado.jpg


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